12 visitas imprescindibles en Santander en otoño

El otoño es una estación fantástica para hacer escapadas cortas a destinos cercanos aprovechando puentes como el de Todos los Santos  o el de la Constitución. Santander es una de esas ciudades que en estas fechas se llena de reclamos para satisfacer una visita de un par de días. A la deliciosa gastronomía típica de la estación se suma una agenda cultural intensa que convive con la belleza de una capital con sabor a norte. Si te animas, he aquí una lista con los imprescindibles para exprimir Santander a tope.

Antes de empezar recorrido por lo qué se puede hacer y ver en Santander y sus imprescindibles recordar que Santander es una ciudad pequeña y manejable, la cual se puede visitar muy bien en dos tres días. Una vez ubicados, vamos a conocerla un poco mejor.

El Palacio de la Magdalena desde el mar
El Palacio de la Magdalena desde el mar

1. Locomotoras de castañas

Nada más llegar a Santander hay una imagen que te llama la atención. En estas fechas, la ciudad de llena de vistosos trenecitos típicos donde venden los clásicos cucuruchos de castañas. Puedes verlos desde ahora hasta pasadas las Navidades. Una estampa habitual de la ciudad donde también se celebran, por estas fechas las llamados “magostas solidarias”. Eventos con este fruto como protagonista cuyo fin es recaudar fondos que luego se reparten entre instituciones benéficas.

Locomotora de castañas, un clásico en el otoño de Santander
Locomotora de castañas, un clásico en el otoño de Santander

2. La época del cocido montañés

La castaña es, sin duda, una de las grandes protagonistas del otoño, pero no reinan solas. Ya he hablado en otras ocasiones de Santander como destino para amantes del buen comer. Pero en estas fechas, la oferta tradicional se multiplica con la llegada de los productos de temporada como las legumbres, que están en su punto culminante. Por lo tanto se hace obligado degustar un buen cocido montañés, contundente plato de cuchara con alubias blancas, berza, tocino, costilla. Y por supuesto chorizo y morcilla (de arroz).

O probar carnes de ganado. No olvidemos que Santander es la capital de un territorio rico en montañas y valles que han condicionado la vida y las costumbres de los habitantes de la región. De ahí el gentilicio de “montañeses” y de ahí también llegan las famosas quesadas y los sobaos pasiegos elaborados con la leche de las vacas que pastan por estos prados interminables.

Puesto de mariscos en el mercado de la Esperanza
Puesto de mariscos en el mercado de la Esperanza

3. Delicatessen en el mercado de la Esperanza

Otro imprescindible. El mercado de la Esperanza en el que no sólo se puede disfrutar admirando la calidad de todo lo que sale del mar y de la tierra en esta comunidad. Es difícil no sorprenderse ante el tamaño y aspecto de los pescados y mariscos autóctonos. Este mercado también es lugar recomendable para adquirir deliciosos productos locales, de proximidad. Tanto los de temporada como los se ofrecen durante todo el año: quesucos, anchoas de Santoña. orujo de potes… Mmmm.

Puesto de productos típicos de Santander
Puesto de productos típicos de Santander

4. Disfrutar del otoño cultural

Con la llegada del otoño, la agenda cultural de Santander se multiplica, con lo que es raro que no tengas algo que hacer. Exposiciones temporales, conciertos, talleres, charlas, teatro, conferencias, espectáculos varios… lo mejor es consultar la programación antes de llegar, para poder ser previsores si hace falta adquirir entradas.

Para ello, basta con entrar en la web de Santander Creativa donde viene todo detallado por tipo de actividades, fechas y horas.  Otra posibilidad es apuntarse a alguna de las visitas guiadas en museos y monumentos. Entre las sugeridas, la ruta del incendio, donde cuentan de una forma didáctica y entretenida cómo era Santander antes del trágico suceso que cambió la fisonomía de la ciudad allá por 1941.

Claustro de la catedral de Santander
Claustro de la catedral de Santander

5. El nuevo Centro Botín

El incendio cambió el aspecto de Santander hace más de 70 años, pero ahora la ciudad está viviendo una segunda revolución estética. En este caso la causa del cambio es una buena noticia, la próxima apertura del Centro Botín, cuya silueta, obra del arquitecto Renzo Piano, ya reina en los jardines de Pereda.

Aspecto del centro Botín, aún en obras
Aspecto del centro Botín, aún en obras

A su alrededor  se ha creado el llamado “anillo cultural” término con el que se señaliza la zona del centro de Santander, donde se ubican algunos de los monumentos y museos más importantes como la Catedral. El Centro Arqueológico de la Muralla Medieval; el Refugio Antiaéreo, el museo de la catedral  el Mupac y el MAS Santander… Posibilidades para todos los gustos.

6. Pasear hasta Mataleñas

Santander es una ciudad para pasear. Y muy preparada para el disfrute de los amigos de las largas caminatas, especialmente en estas fechas, cuando se dan las temperaturas ideales para recorrer el paseo marítimo de punta a punta de la ciudad.

Desde el centro hasta Mataleñas, un recorrido de doce kilómetros ininterrumpidos por donde también se puede circular en bicicleta, prácticar running. Si no te animas con la larga caminata, acércate al menos hasta el faro de Cabo Mayor, para contemplar una de las panorámicas más bellas de la ciudad. Ver como el siempre agitado mar Cantábrico bailar al son de los vientos del otoño es todo un espectáculo.

Vistasd de Santander desde el campo de golf de Mataleñas
Vistasd de Santander desde el campo de golf de Mataleñas

7. Golf con vistas al Sardinero

Hablar de Santander para muchos es sinónimo de hablar de golf. Si eres de los que viajas con el driver a cuestas no dejes de jugar en estos 18 hoyos rodeado de mar y acantilados, bañados por el mar cantábrico y con las hermosas vistas del Sardinero como telón de fondo.  Un enclave sin rival y para muchos uno de los campos de golf más bonitos de España ubicado en la tierra que vio nacer a Severiano Ballesteros, el golfista español más internacional. Como curiosidad, si llegas en avión a Santander aterrizarás en el aeropuerto que lleva su nombre.

El casino de Santander se construyó en un solo año
El casino de Santander se construyó en un solo año

8. Un casino centenario

Y del golf al casino, otra de las visitas imprescindibles en tu escapada a la capital de Cantabria. Y más este año en el que el que uno de sus  emblemas está de cumpleaños. Cien años hace ya que abrió sus puertas el Gran Casino del Sardinero, para dar servicio a los nobles y personalidades que todos los veranos llegaban a Santander acompañando al rey Alfonso XIII y su familia, quienes veranearon en la ciudad, donde tomaban los “baños de ola”, entre 1913 y 1930.

Interior del casino de Santander
Interior del casino de Santander

9. El jardín del Palacio de la Magdalena

De un icono a otro, al más importante. Da igual que sea otoño o invierno, primavera o verano. La foto ante el Palacio de la Magdalena es innegociable.

Fachada lateral del Palacio de la Magdalena
Fachada lateral del Palacio de la Magdalena

No dejes de hacer una visita guiada para recorrer las señoriales estancias de la que fue “residencia oficial de verano de los reyes”. llenas de historias y anécdotas. Y un consejo, no te marches sin dar un largo paseo por los jardines de palacio, reconvertidos en un gran parque público, y que ahora en otoño está más hermoso que nunca.

El camello se identifica mejor con marea alta
El camello se identifica mejor con marea alta

10. El camello de Santander

Si viajas con niños, aprovecha la visita al palacio para subirte en el trenecito que recorre los jardines. Acércate al mini-zoo donde podrás ver focas, leones marinos… Y una curiosidad que les hará gracia a los más pequeños. ¿Sabías que en el Sardinero hay ¡un camello!?

Bueno, en realidad es una roca con forma de camello, pero es tan característica que ya es una fotografía clásica para los visitantes. Y un reto a la imaginación tratar de confirmar si la piedra realmente se parece a este animal. Un consejo, con marea alta es más fácil identificar la cabeza y la joroba.

Vistas del mar desde la duna Zaera
Vistas del mar desde la duna Zaera

11. El atardecer en la duna Zaera

Santander  presume por tener una de las bahías “más hermosas del mundo”. Pero yo añado que el mejor momento para disfrutar de las vistas a este entorno maravilloso es al atardecer. En otoño además, la puesta de sol es tempranera y contemplarla mientras sopla ese viento sur tan típico de la ciudad, seco y agitado, un gusto para los sentidos.

Sí, está bien escrito: viento sur, pero no nos llevemos a equívocos. La climatología cambiante forma parte de la personalidad de la ciudad, a consecuencia de los cercanos Picos de Europa. Por tanto, no olvides el chubasquero y el paraguas. Pero ¡ojo! la lluvia nunca debe ser un problema. Además, este año las previsiones hablan de un otoño más cálido y soleado de lo normal, así que toca aprovechar el buen tiempo y ¡a disfrutar!

Barcos varios atracados en Puerto Chico
Barcos varios atracados en Puerto Chico

Ah, y para ver ese atardecer, dos opciones. Sentarse en el anfiteatro más hermoso de la ciudad, la duna Zaera. O ir a Puerto Chico con todos los barcos allí atracados como compañeros. Y con pescadores que aprovechan el ocaso del día para ver “si pican”. O mejor ¿Qué tal un día en cada sitio?

12. Tapas y rabas en Cañadío

Cierro este lista de imprescindibles con mi actividad favorita. Ir de rabas, tapas y vinos. Por supuesto, empezamos por la plaza de Cañadío donde nos esperan ya unos cuantos locales donde tomar ese primer vinito con esas rabas (calamares).  Podemos seguir la ruta gastronómica por Hernán Cortes, Peña Herbosa, por la calle Tetúan y terminar en la zona de las terrazas del ferry, en Calderón de la Barca. La oferta es amplia y deliciosa. Y partir de aquí ¡que la noche decida!

En Santander a los calamares los lllaman "rabas"
En Santander a los calamares los lllaman “rabas”

Estos son mis doce imprescindibles en Santander, pero seguro que se me ha olvidado algo. ¿Alguna idea que añadir?

Un pensamiento en “12 visitas imprescindibles en Santander en otoño”

  1. He estado en Santander en un viaje de final de curso y la verdad es que con tu reportaje he redescubierto un Santander que apenas recordaba. Tengo que volver, en Otoño!

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