Praga: paseo por el puente de Carlos y el bohemio Mala Strana

Praga puente Carlos

No hay viajero que llegue a Praga que no cruce el famoso puente de Carlos. Es uno de los símbolos de la República Checa y uno de los puentes más famosos y bellos de Europa.

Un museo vivo, lleno de esculturas colosales y donde a última hora de la tarde, cuando la luz brilla más bella que nunca, se reúnen artistas, músicos y viajeros deseosos de disfrutar de uno de los rincones más bellos de esta ciudad, cargado de leyendas.

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El escritor Franz Kafka la definió como una ciudad que «te atrapa, te envuelve en su abrazo y luego se niega a dejarte marchar». Es así. La vieja Praga es una urbe guerrera, curtida con las peripecias de la historia que le ha tocado vivir en los últimos años.
Nos vamos a recorrer la capital checa, también definida como la ciudad de “las cien cúpulas”; “la urbe dorada” y el París del Este… todas ciertas. ¿Me acompañas?

Reencuentro con Praga casi veinte años después

Cuando visite Praga por primera vez en 1990 en la plaza de Staromestska era igual de bella pero fría. No había donde tomarse un café. Las calles estaban vacías. Bella ciudad, si, pero muy triste.
Cuando regrese en 1992 (un ano antes de que la República Checa se independizarse de su vecina Eslovaquia) había cambiado mucho. Ya había restaurantes y el famoso puente de Carlos que lleva al castillo y al barrio Mala Strana, ya estaba lleno de turistas.
Ayer la imagen cambio de nuevo. En Staromestska había un montón de terrazas donde tomar algo, cenar… La antes solitaria calle Celetna, donde hace 19 años yo misma escuchaba el eco de mis pasos, estaba llena de tiendas de souvenirs. Y la antes desoladora calle Parizska, arteria principal del barrio judío, es ahora la milla de oro de Praga