A propósito de la gripe porcina

Llegué de México hace tres semanas. Mi regreso coincidió con la noticia de la gripe porcina  y por pura precaución, pasé por el médico (aconsejada por una buena amiga radióloga y por una vecina alarmista que casí casí me llevan arrastras a la consulta en cuanto me oyeron estornudar). Al final la experiencia fue casi divertida: en cuanto le dije a la enfermera de mi centro de salud que acababa de llegar de México (con un pañuelo en la mano porque insisto, tenía algo de catarro) y le pedí por favor que me atendieran aunque no había pedido cita a la pobre casi le da un ataque al corazón. Se quedó pálida mirándome. Me mandaron entrar rápidamente, sí, me tiraron una mascarilla al aire que me rogaron me pusiera inmediatamente (ellas ya se habían puesto las suyas). Me hicieron un pequeño cuestionario que alguien les dictaba por teléfono: “discúlpanos” me dijo la doctora (muy maja por cierto), “pero eres la primera paciente que nos llega con este problema y estamos un poco perdidas…” Ya. Ellas, yo y todos estamos muy perdidos con este tema.

 

Una vez terminado el test y confirmado que yo ni tenía fiebre, ni diarrea, ni ningún síntoma de la gripe porcina (salvo la congestión nasal), me mandaron para casa pero me pidieron por favor, que por si acaso… me mirase la fiebre todos los días y que no anduviese por la ciudad hasta que me pasasen los síntomas del catarro. Y me dieron mascarillas para toda la familia. Por pura prevención.

 

Han pasado ya varios días desde aquella consulta, mis estornudos han desaparecido y creo que ya no soy un potencial peligro para los que me rodean. Pero he de reconocer que he sentido en mis propias carnes lo que significa ser una persona “rechazada” por la gente. Tengo conocidos que hace tiempo que no se acercan a hablar conmigo… y compañeros que no querían ni tomar un café conmigo… ¡por si acaso!. Tranquilos, la amenaza ya ha pasado y mis estornudos ya pertenecen a la historia.

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A pesar de todo, no era mi salud lo que más me preocupaba estos días. Lo que más me alarmó fue pensar en cómo estaban los amigos mexicanos con los que yo había tratado durante el viaje. Afortunadamente, les escribí y pronto me contestaron que estaban bien. Tomando precauciones, por supuesto, pero bien. Esta fue la respuesta de una de las personas a quienes consulté: “Creo que la situación en México es controlable y que se esta haciendo lo necesario para que no sea más grande el problema. Todo el pueblo está bien, se han tomado medidas generales en el país, como cierre de escuelas y áreas publicas, para que la gente no se quede en un lugar. Aquí en San Blas, los espacios son tan grandes y el sol y el aire hacen su trabajo. Hemos vivido tiempo peores con huracanes y falta de sanidad, esto es solo una prueba que el pueblo mexicano esta más que entrenado para resistir, hemos tenido tantas carencias que una más no creas que nos afecta tanto”.

 

Otra mexicana, Jessica, a quien casualmente conocí en Praga justo el día en el que la noticia del virus llegó a los periódicos, comenta en su blog como se sintió cuando todos empezamos a mirarla con malos ojos durante nuestro viaje por la República Checa: Rodeada de coreanos, chinos, gringos, canadienses, chilenos, colombianos, alemanes, y checos… todos que si tengo, que si me siento bien, que mejor chau, que te tocan la puerta y verifican el pasaporte, en fin… soy el virus en medio de los ex comunistas. Y yo con el escándalo de que si regreso o no y añade: Mi conclusión, en todo caso, es que hay tantas alarmas por todos lados, que si la crisis económica, que si la pandemia, que si te corren del trabajo, que si no hay lana, que si el aval… va!!!”

 

Como licencia, me he permitido la fechoría de robarle de su blog la carta que le dieron en el avión el día que regresó desde Europa a México (perdón Jessica). La pueden ver bajo estas líneas.

flumexico 

Yo coincido un poco con esta amiga mexicana. Peligros hay por todos lados. Y sí, el tema de la influenza es algo serio (eso me repite constantemente mi amiga la radióloga) y la creo firmemente. No me cabe la menor duda sobre el peligro de una epidemia como esta. Y lo que siento es miedo. No solo desde el punto de vista snitario. También me aterra pensar como puede afectar el virus a un país como México, cómo va a dañar todo este asunto a su ya de por su vulnerable y crítica economía. Por eso creo que es muy importante evitar alarmismos y ser coherentes con lo que ocurre. El virus está ahí, sí, pero no todos los mexicanos (ni los que hemos estado hace poco en México) estamos contagiados. Procuremos ser un poco más objetivos, por favor.

8 pensamientos en “A propósito de la gripe porcina”

  1. Confío en que todo esto vuelva pronto a la normalidad. Hay que ser prudentes, claro que sí, pero la repercusión creo que ha sido extremadamente alarmista… México está sufriendo un duro golpe y llevará su tiempo “poner todo en orden”. Afortunadamente su riqueza turística es inmensa. Ánimo a todos!!

  2. Ningún perdón Nani… Y como escribí en mi nota para el periódico YA DEJENOS DE HACER EL FUCHI… Esto por lo rídiculo de los Chinos.. más allá de quienes han cancelado sus vuelo, eso, es de comprenderse, pero los Chinos!!! en fin.
    Aquí ya no usamos mascarillas, al final hemos comprobado que lo que paso, paso y fue bien leve. Lo que si vemos es a nuestro presidente contecto por la lana que le han dado.¿No será que eso era lo que realmente buscaba? ummm.

  3. La sicosis llega a todos lados y de forma absurda, el otro dia escuché como el personal de un recinto sanitario se llevó todas las mascarillas por si acaso,dejando el centro sin ellas , para con toda seguridad tirarlas en una temporada al ver que evidentemente no las necesitan,

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