El aeropuerto de Schipoll en Holanda, donde hace escalas KLM

Estoy de escala en Amsterdam procedente de Panamá. Antes de llegar a mi casa  en A Coruña tendré que coger dos aviones, más, uno destino Madrid y otro más que por fin me llevará al aeropuerto de Alvedro. En resumen, más de 30 horas de viaje. Es otro de los peajes que ha de pagar de un viajero, pasarse muchas horas no sólo en aviones sino también en aeropuertos de cualquier lugar del mundo donde a veces hay que sufrir largas esperas… y eso siempre y cuando todo vaya bien y no haya retrasos, cancelaciones…

Afortunadamente esta vez parece que hemos tenido suerte. El vuelo de KLM en el que viajamos salió con un poco de retraso de Panamá City pero recuperó el tiempo perdido durante el vuelo, así que llegamos a tiempo a Amsterdam donde dentro de unas horas enlazaremos con el vuelo de Madrid. Las diez horas de vuelo transcurrieron sin problemas y hasta pude dormir un poco (tuve la suerte de no llevar a nadie en el asiento de al lado y pude estirar las piernas). También me dio tiempo a ver un par de películas (que por cierto, tengo que reconocer que la oferta de cine a bordo de KLM era abundante y bastante aceptable). También el avión era muy cómodo, con bastante espacio entre los asientos (les hablo de la clase turista). Así que, por ahora, mi experiencia con esta compañía ha sido perfecta, una opción a tener en cuenta si tienen pensado viajar a Panamá en los próximos meses.

La escala en Amsterdam me ha servido también para deambular por el aeropuerto de Schiphol, uno de los que más me gusta del mundo por lo bien organizado que está. Ahora mismo les estoy escribiendo desde la sala VIP de KLM y en cuanto acabe saldré a dar una vuelta para hacer algo de shopping porque la verdad es que en Panamá no he tenido mucho tiempo libre para ir de tiendas.

Y claro, como les conté en otra ocasión tengo tres hijas que cuando llego a casa después de un viaje lo primero que hacen es registrarme la maleta en busca de un regalo. Muchas veces me enfado y juro que nunca más les voy a comprar nada porque siento que es como un impuesto revolucionario. Pero luego a la hora de la verdad siempre pico y acabo con un detalle en la maleta. Así mi conciencia está un poco más tranquila.

Pues lo dicho, me voy de compras. En la próxima entrada, que será ya desde Coruña, les contaré si al final he comprado algo o no… eso sí, después de dormir durante 20 horas seguidas. Estoy agotadaaaa. Y sueño ya con mi colchón, la comida casera, la rutina. Volver a casa tras muchos días lejos es también una sensación maravillosa.

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