Belgrado, ciudad con mucha marcha y mucho pasado

Belgrado. La que fue capital federal de la antigua Yugoslavia lucha fuerte por asentarse como una de las ciudades más animadas de Europa. La llegada de vuelos directos desde distintas capitales europeas la ayudará a situarse en el mapa turístico pero por méritos propios. Los serbios quieren dejar atrás ya de una vez esa mala fama internacional ganada a pulso durante la Guerra de los Balcanes y durante el mandato de Slobodan Milosevic. Y dar a conocer mejor el origen serbio de grandes nombres del cine como Emir Kusturica o del deporte, como el tenista Novak Djokovic.

Una vez asumido que Serbia ha cambiado y que quiere abrirse al mundo, hay que comprobarlo. Y para eso, lo mejor es lanzarse a tomar algo a última hora de la tarde en cualquiera de las cientos de terrazas que salpican la peatonal y comercial Kneza Mihaila. Una de las arterias de Belgrado, y una de las calles más antiguas, siempre rebosante de gente. De locales que de día pasean para ver escaparates que lucen en las fachadas de las típicas mansiones burguesas del siglo XIX. Y si hay suerte y aparece algo, comprar el modelito que probablemente lucirán por la noche.

Calle peatonal y comercial: Kneza Mihaila

Digo locales por que Belgrado es ante todavía una ciudad donde se ven pocos turistas. Lejos quedan aquellos gloriosos años cuando la capital serbia presumía por ser uno de los principales destinos del sur este europeo, a mediados del siglo pasado.

Hoy en día son los propios serbios los encargados de dar vida a esta capital, y aunque son pocos, son tan animados que la fama lúdica de Belgrado ya ha crecido entre los vecinos. Turistas internacionales propiamente dichos hay pocos, pero cada día son más los bosnios, croatas y eslovenos que se escapan los fines de semana a disfrutar de las animadas noches de Belgrado. Curioso. Años después de la guerra, la primera generación de ex yugoslavos vuelve a unirse, pero esta vez para divertirse.

Terraza en Belgrado

También llama mucho la atención el diseño de los bares de copas. La mejor zona para tomar la primera tras la cena es sin duda el puerto, a orillas del Danubio, uno de los ríos que atraviesa Belgrado. Y donde además de marcha están atracadas las barcazas que navegan por el río. Otra opción para los noctámbulos es el barrio  bohemio de Skadarlija, el Montmartre serbio, donde abundan las famosas tabernas (kafanes) muchas de ellas reconvertidas en restaurantes especializados en comida serbia y donde siempre hay música en vivo y un ambiente literario y artístico.

Y así, pasan los días en Belgrado. Una ciudad que sorprende y que lucha por mostrar su nueva cara. Aunque eso sí, a veces durante la fuerza del pasado sale al paso. Se manifiesta cuando asoman esos edificios estilo soviético que todavía decoran muchas calles. Y en la estética general de la ciudad. Pero es quizá la contemplación de estas lo que más me ha chocado de la visita.

Ruinas en la calle Kneza Milosa de Belgrado

En pleno centro, en la calle Kneza Milosa aún se conservan lo que ven, las ruinas del de Defensa y de Cuartel General, ambos bombardeados por la OTAN  justo por estas fechas allá por 1999. Un acontecimiento trágico cuyo recuerdo aún asoma al contemplar imágenes como estas. El pasado, aunque dormido, sigue ahí.

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