Invitada a una boda en Birmania

Estos días me ha tocado ir de bodas, sí, plural ¡bodas! Este tipo de celebraciones suelen decir mucho de las sociedades de los países donde se celebran y observar las distintas costumbres es algo muy enriquecedor.

En mis viajes, casualmente, me he chocado con bodas varias en distintos lugares del mundo y su contemplación como espectadora siempre me ha resultado muy curioso. Aunque hay una boda que me ha quedado grabada en la retina.

Hace unos años, estaba yo en Birmania (Myanmar), concretamente en Mandalay cuando de repente vi a un grupo de personas con vestidos muy extraños, distintos a los longis (faldas) que llevaba en resto de la gente por al calle. Al acercarme a hacer fotos, vi que todo el grupo, unas cincuenta personas vestidas con trajes estampados en colores muy llamativos, me miraban fijamente. Tanto que casi me asusté. De repente, dos de ellos se acercaron a mi guía y empezaron a hablar con él, sin quietarme los ojos de encima. Lo primero que pensé fue que estaban muy enfadados conmigo por haberme puesto a hacerles fotos sin permiso, así que escondí rápidamente la cámara y me puse a pedir disculpas gesticulando con las manos.

Cual fue mi sorpresa cuando mi guía e intérprete se acercó a mi y me dijo: “Los novios le piden que por favor asista usted a su banquete de bodas”. Al ver mi cara de asombro (y de susto), el guía matizó: “en Birmania, creemos que da buena suerte la presencia de un extranjero en la boda”.

Todos, novios e invitados, tenían la mirada fija en mi. Esperaban ansiosos mi respuesta. Y cuando sonreí y por supuesto, acepté, los novios se acercaron y me pidieron con gestos muy suaves que por favor, les acompañara a su mesa. Y allí me senté un buen rato, con un corrillo de gente a mi alrededor contemplándome con los ojos como platos. Me ofrecieron comida, me regalaron unos abanicos de papel con sus nombres grabados en tinta rosa y me pidieron que posara con ellos y con toda la familia en mil fotos. Esta es una de ellas.

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Al final la cosa pasó rápido y solo me retuvieron un par de horas. Pero prometo que nunca en mi vida me había sentido tan observada ni tan “admirada” como ese día. Recuerdo que los invitados, sobre todo los niños y los ancianos, se acercaban a mi para tocarme y acariciarme las manos. Y como la comunicación oral era completamente imposible (yo no sabía una sola palabra de birmano, ni ellos de inglés), creo que la mandíbula acabó doliéndome de tanto sonreír.

El otro día, mientras ordenaba unos libros, encontré casualmente uno de los abanicos de papel que me habían regalado los novios… y una de mis hijas al verlo se puso a jugar en él y lo rompió.

¿Qué habrá sido de aquella pareja?. ¿Seguirán juntos, tendrán hijos?. ¿Qué pensarían si supieran que, años después, hay una foto de su boda viajando por Internet?.

7 pensamientos en “Invitada a una boda en Birmania”

  1. Precioso Birmania, sus gentes, sus paisajes y el cielo azul. Nos encantó el lago Inle aunque no tuvimos la suerte de asistir a una boda 🙂

  2. Cosas como esas son las que más me gustan de viajar por libre. Hace un par de meses yo también estuve en Mandalay un par de días antes de emprender camino a Bagan. No visité la ciudad pero me encantó la gente y perderme a solas por sus calles, me quedé sin ver sus “monumentos” pero no me arrepiento para nada. Te dejo un recuerdo de allí que curiosamente también escribí ayer, tuve un ataque de nostalgia de Myanmar

    http://deilusionarecuerdo.com/2013/11/27/myanmar-nostalgia/

    Saludos viajeros
    Patricia

  3. ¡Qué experiencia tan asombrosa!
    Tuviste una oportunidad muy buena para conocer otro punto más de la cultura birmana. Por mi parte, leer tu blog, me hace conocerla un poco más.
    Un saludo.

    Chelo
    unaestudianteporelmundo.blogspot.com

  4. ¡Eso es viajar!. Comer donde comen ellos, vivir sus costumbres, vestir como visten y mezclarse entre ellos…
    Esa sensación de sentirse observada es la que deberíamos tener presente cuando viajamos, debiendo evitar que una persona se sienta incómoda cuando le hacemos fotos en su propio país.

  5. Nani:
    En horabuena por este relato. Viví hace unos meses una experiencia similar en India, y estoy de aceuerdo contigo en que es una de las expeiencias más enriquecedoras que se puede experimentar en un viaje.
    Leerte a diario me inspira a mi también para continuar con mis escritos y fotografías por el mundo.
    Un abrazo,
    Hernando

  6. Hablando de bodas, a nosostros no invitaron hace unos años a una boda en Turquia asi que alla nos fuimos con nuestra mejores galas.
    salimos del hotel y le dimos al taxista la direccion del lugar donde se celebraba el evento y al llegar alli nos encontramos que la entrada estaba llena de coronas de flores (tipo funebres) con inscripciones en turco que no entendiamos claro y con fotos d varias personas a las que inmediatamente dimos por muertas.
    Nos quedamos los dos mirandonos y yo llena de razon le digo a mi marido:este taxista se debe de haber confundido y nos ha traido a un funeral!! asi que me dirijo a el en ingles para explicarle que nosostros nos soliamos vestir asi para ir a las bodas y no a los funerales.
    El pobre hombre que no entendia ni papa se deshacia en gestos indicando que ese era el sitio que ponia en nuestro “papelito” y que entrasemos sin miedo.
    Asi un buen rato hasta que llega un coche blanco todo engalanado con una radiante novia dentro.
    Respiramos tranquilos (nosotros y el taxista), y entendimos la diferente percepcion que cada cultura tiene de la simbología.En Turquia las coronas de flores son simbolos de fiesta y celebracion y las fotos son de los familiares o amigos que las envian como regalo a los novios!!

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