Un fin de semana en Bruselas

Saludos desde Bruselas, capital que tiene fama de ciudad gris y aburrida, un tópico que yo no comparto en absoluto. A mi Bruselas me encanta. He venido ya muchas veces y es una ciudad que poco a poco empiezo a conocer bien, pero siempre me sorprende. Incluso hoy que hacía un día de perros, invernal y lluvioso. Y después de haber pasado una experiencia de vuelos un poco extrema.

Me explico. Mi aventura comenzó a las 8 de la mañana. Tuve algún problemilla con las niñas que me hizo retrasarme y llegué al aeropuerto de Alvedro casi casi al límite. En fin, que no perdí mi vuelo a Madrid por los pelos.

Como mi vuelo a Bruselas era con una compañía que no tenía código compartido con la que yo volaba desde Coruña a Madrid, no me dejaron facturar mi maleta al destino final y tuve que recogerla en Madrid, salir y facturar de nuevo.

El problema es que en la T4 las maletas tardan ¡entre 30 y 45 minutos y la mía, tras mucho esperar, no salió. Corrí ahogada a reclamar la pérdida de mi equipaje sabiendo que si me demoraba más de la cuenta podía perder mi vuelo a Bruselas… al final hice la reclamación y cuando ya había asumido la idea de volar a mi destino final sin maleta (y sin tener claro qué demonios iban a hacer con ella en las próximas horas) de repente la encuentro tirada al lado de la cinta por donde se supone que debía haber salido. Alguien debía haberse equivocado al cogerla y en vez de devolverla a la cinta DEJÓ MI MALETA TIRADA EN CUALQUIER SITIO.

Bueno, ya de mejor humor, con mi maleta a cuestas corrí rauda a facturar por segunda vez en el día y cual es mi sorpresa cuando el tipo del mostrador me dice:

Booking.com

-¿Arenas?, pero si usted ya voló ayer.

– ¿AYER?, ¡PERO CÓMO VOY A HABER VOLADO AYER SI ESTOY AHORA MISMO DELANTE DE USTED!.  ME ESTÁ TOMANDO usted EL PELO ¿VERDAD?

Pero no, no me lo tomaba. No se que demonios había pasado con mi reserva, el caso es que alguien con mi mismo nombre y DNI había volado ayer, y por tanto mis datos no aparecían en el vuelo que yo había reservado. Afortunadamente llevaba encima el localizador de mi vuelo (ahora con el tema de los billetes electrónicos hay veces que hasta se me olvida y ya ven, mejor llevarlo SIEMPRE). Y POR FIN me dieron mi tarjeta de embarque.

Pero ahí no acaba la historia. Aún me quedaba un obstáculo por salvar. El control policial en las puertas de embarque, un trámite agotador en cualquier aeropuerto que en Madrid se complica todavía más.

-“¿Lleva líquidos?. Métalos en la bolsa transparente. ¿Ordenador? Déjelo solo en una bandeja aparte. Quítese la chaqueta, la americana también por favor. El cinturón. Y las botas, tiene que descalzarse. ¿Teléfono móvil?, a la bandeja con lo demás”.

Es verdad, me había olvidado. No se puede volar con botas. Ni llevar cinturón, ni ropa, ni nada, no se puede llevar nada. Hay que viajar en avión DESNUDO.

La cola para pasar el control era infinita, yo no tenía manos suficientes para tantas bandejas… (cámara de fotos, ordenador, funda del ordenador, anorak, americana, botas, teléfono móvil, llaves… ¡QUE NO ME CABE TODO EN DOS MANOS!).

Y cuando POR FIN alcanzo el dichoso arquito y paso por debajo EN CAMISETA, CON EL PANTALÓN CAYÉNDOSE ANTE LA FALTA DEL CINTURÓN Y DESCALZA coge el cacharro ese y se pone a pitar.

Piiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii

Diosss, ¡que pasa ahora!.

– Ponga los brazos en cruz.

Me dice la encargada del tema que en ese momento me mira como a una asesina (no me extraña, con la pinta que tengo, sudada, con la cara contrahecha del estrés de las últimas horas y semidesnuda). Y ahá… He aquí lo que pitaba. ¡Una moneda!. Una dichosa y sospechosa moneda.

¡Pero por que no instalan de una vez un escáner ultrasónico de esos con el que se nos vean las entrañas, y de paso contratan a unos cuantos radiólogos para que nos hagan un chequeo médico mientras nos registran. Estaría bien la cosa.

– “Mire, puede usted pasar, ya veo que no lleva oculta una Kalashnikov en el calcetín pero le he visto un bulto sospechosos en el antebrazo que debería revisar”. Sería muy practico, así en vez de sufrir listas de espera en los hospitales nos iríamos de viaje para pasar las revisiones médicas.

Y por fin, me subí al avión, ahogada, desencajada, sucia, hambrienta, sin haber podido tomarme ni un triste café.

Y por fin llegué a Bruselas. Aquí hubo suerte, la maleta llegó. El tren que va del aeropuerto a la estación central de Bruselas salió a la hora prevista. Y a las 4:30 de la tarde ya estaba yo puntual en mi primera cita, un museo del que les hablaré en otra ocasión.

Y después lo de siempre. Cheking en el hotel, y a cenar, pero no sin antes darme un paseo por la Grand Place, mi adorada Grand Place. Al contemplar esta maravilla se me olvida todo. Y de paso, ya que estoy aquí voy a comprarme unos bombones, mis deliciosos Leonidas (más baratos que las otras marcas y para mi gusto excelentes. No puedo volver a casa de Bruselas sin una caja bien grande de “frutos del mar”, es tradición).

Y como les decía al principio, esta ciudad me gusta. No me importa lo que me ha costado llegar. Una vez aquí, estoy feliz.

7 pensamientos en “Un fin de semana en Bruselas”

  1. Si vuelves a Bélgica recuerda que los bombones Leonidas son mucho más baratos que los Neuhaus y los Godiva sin ser mucho menos buenos.

    Lamento los incidentes del viaje.

  2. Angeles, gracias por tu rápida y práctica respuesta.
    Y Rocío, espero que el consejo de Ángeles te sirva de ayuda pq yo la verdad es que siempre me alojo, en Bruselas, por comodidad en el hotel que está justo en frente de la estación central, en plena zona europea ya dos pasos de la Grand Place. Se llama Le Méridien Brussels, es de la cadena Starwood ( http://www.starwoodhotels.com). Aunque es un cinco estrellas, no dejes de consultar las ofertas que suelen colgar en la web. Aveces uno se lleva sorpresas, sobre todo con las tarifas de fin de semana (cuando se van los europarlamentarios y llegan los viajeros). Ya me dirás por cual te decides. Saludos.

  3. Hola Rocío,
    Viajo con frecuencia a Bruselas, y últimamente me ha sorprendido mucho el Hotel Arlequin, 3*, en el centro, con unas vistas espectaculares de la Grand Place. Otro que me gusta mucho, pero de categoría superior es el nuevo Hotel Bloom, situado al lado del Botanique. Diseño escandinavo y personal amabilísimo.

  4. Hola Nani, próximamente tengo que viajar a Bruselas, y ya que tu has ido varias veces, qué hotel de rango medio me puedes recomendar? Y por cierto, conoces alguno en Londres bueno, bonito y barato? Y en el centro, claro, jeje.
    Graciñas.

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