Argentina: para lo bueno y para lo no tan bueno
Escrito por: laviajeraempedernida | 4 de marzo de 2011
Hace ya días, hablaba justo con un par de amigos argentinos que llevan ya años viviendo en España sobre su país. Éramos varios en el grupo en el que también había varios españoles. Y charlando charlando todos descubrimos que efectivamente, una es la Argentina que conocemos como turistas y otra muy distinta la que se percibe cuando se ha nacido allí. Pero eso no sólo pasa con Argentina, evidentemente la percepción de un destino cambia mucho según la experiencia vital de cada uno.
Pero tampoco la imagen de un país es la misma entre sus paisanos. Estos días en Argentina he escuchado de todo: desde argentinos que nunca cambiarían su país por otro porque realmente piensan que como en su tierra no se vive en ninguna parte, hasta otros muy críticos con su país (especialmente con sus políticos) que me aseguraban estaban deseando largarse cuanto antes a algun país más tranquilo, “menos corrupto y más seguro”.
He charlado con argentinos de libro, y cuando digo eso me refiero al típico con mucha labia, gracioso y mal hablado, con mucho desparpajo (ahora mismo estoy pensando exactamente en el taxista que me llevó al aeropuerto digno protagonista de un tebeo sobre la Argentina profunda) y he conocido a otros tímidos y callados como una tocaya a la que conocí en Neuquén, con la que pasé dos días y de la que aún ignoro el tono de voz.
He coincidido con guías excepcionales, currantas natas (¡Pamela, esto va por ti!) y con profesionales del turismo como la copa de un pino capaces de ordenar el caos en un santiamén. Y con otros personajes apáticos y aburridos, politizados y desinteresados en los propios productos que necesitan vender.
Durante mis visitas a los viñedos he charlado con gente del campo y en Buenos Aires me relacioné con porteños de pura raza, que presumían casi casi de no haber salido nunca de su ciudad. Y haciendo balance entre ambos podría resumir que parecían ser habitantes de planetas lejanos, estaban a años luz unos de otros.
Este mismo criterio podría aplicarse a cualquier destino. Evidentemente, cada lugar tiene mil caras y la impresión final que nos llevamos es la suma de todas las experiencias que vivimos. Pero siempre, sea como sea, la sensación que guardamos en la maleta (al menos yo) es que hemos hecho una simple primera toma de contacto con el destino pero somos conscientes de que nos quedan mil aspectos por descubrir. Pero ¡ojo!, somos viajeros, y periodistas, no sociólogos, y nuestra intención no es analizar todo lo que nos rodea, sólo comentar de la forma más “profesional” posible lo que vemos y experimentamos. Pero conscientes de que nuestra visión siempre será superficial, especialmente para un lugareño, por supuesto.
Y tras esta larga estancia en Argentina, mi conclusión es que estas son las imágenes no turísticas que junto al tango, al dulce de leche y al Malbec me quedarán para siempre en la retina:
. Los carteles reivindicativos que aún decoran la Plaza de Mayo, donde se reúnen todavía (los jueves a las tres de la tarde) esas madres (algunas ya abuelas) de desaparecidos, con pañales blancos en la cabeza y de las que tantas veces he oído hablar y sobre las que tanto he leído. Siguen reclamando justicia. Cuelgo esta foto mas que nada por que el amigo argentino del que hablaba al principio del reportaje justo me hizo esta pregunta: ¿Siguen los carteles en frente de la Casa ROSADA (esta vez lo he dicho bien ¿eh? )?. Si Jorge, allí siguen. Y aquí puedes ver un ejemplo de lo que hay.
. Los hombres anuncio que se ponen ante los coches cuando los semáforos se ponen en rojo en algunas calles de Buenos Aires. Quizá algo habitual para los porteños, pero chocante para mi.
. Los “pasea perros”, o sea, gente contratada para sacar a pasear perros varios. Escena típica en las calles de Nueva York pero que yo no había visto nunca fuera de EE UU (o no al menos de una forma tan habitual como en Buenos Aires donde me cruce con unos cuantos)… con esta foto saldo también una deuda con un lector habitual que “colecciona” fotos de perros en todos los lugares a los que viaja. Manuel esta va por ti.
. Los “busca cartones” (aunque creo que tendrán otro nombre ¿??). O sea, personas que al caer la noche se dedican a “asaltar” las bolsas de basura que la gente ha sacado a la calle en busca de cartón que luego venden. ¿Resumen? Por la noche, pasear por ciertas calles de Buenos Aires es como caminar sobre un basurero. ¡Que pena!
. El contraste del lujo de las bodegas frente a los “guardianes” de los viñedos, que por supuesto habitan en casas mucho más humildes… (que no miserables). No es una crítica, es sólo una estampa que he visto y quiero contar aunque ya se que no difiere de la que podríamos tomar en mil sitios más.
Bueno, este no es un relato negativo, ni mucho menos. Es simplemente otra de las caras de un destino enorme, vasto y riquísimo en matices como es Argentina. Si los demás nos dejáis vuestra visión personal de este país, quizá entre todos podamos crear una imagen más acertada de lo que es, quiere ser, transmite y significa Argentina.
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