Un paseo con niños en Birmania
Escrito por: laviajeraempedernida | 21 de abril de 2010
Esta semana mi agenda aparecía marcada en rojo. Eso en mi argot significa que estoy fuera. Como viajo bastante, esa señal nos ayuda a todos los que vivimos bajo el mismo techo a organizarnos. Un cuadro en rojo en el calendario significa “viaje” y eso implica que algunas cosas cambian en el día a día.
Pero por suerte, esta semana el rojo cambió de color. El humo negro del volcán modificó mis planes de viaje y de repente, me encontré con una semana de esas casi casi regaladas.Gracias a la ceniza que estos días ha volado por Europa yo me he visto obligada a quedarme en casa y con un montón de días “libres” por llamarlo de alguna forma.
Y he aprovechado esos días “regalados” para hacer algunas de esas cosas para las que nunca tengo tiempo. Por ejemplo, disfrutar un poco de mis hijas y de los pequeños placeres cotidianos. Viajar tiene también su lado negativo y he de reconocer que ya casi me había olvidado lo bien que sienta de vez en cuando una tarde tranquila con amigos y familia. Así que nos fuimos de excursión en pandilla.
Pero tranquilos, no quiero agobiar a los lectores de este post con mis hazañas familiares. Todo este preámbulo tiene una razón. Durante la excursión, en la que iban acoplados un montón de niños, intenté hacer una foto de todos los pequeñajos y he de reconocer que la tarea fue casi casi imposible. Lograr que unos doce niños con edades comprendidas entre los 2 y los 9 años miren a la vez a la cámara es muy difícil. Hice unos cuantos intentos y nada. Cuando uno miraba para delante el otro se tapaba la cara, o echaba a correr o se peleaba con el de al lado, o lloraba por que alguien le había puesto un brazo delante…. No conseguí una foto decente del grupo.
Entonces mi cabeza viajó en el tiempo y recordé una tarde paseando por una aldea en Birmania (Myanmar), cerca de Mandalay. Recuerdo que estábamos caminado por una callejuela cuando de pronto asomaron tras una casa un montón de niños todos vestidos con ropas de mil colores. Como fotógrafa, la estampa me conquistó rapidamente y rauda me acerqué a ellos y como pude trate de pedirles con gestos varios (mis conocimientos del birmano son muy limitados) que ¡POR FAVOR! posaran para mi un instante.
Los niños, que también tendrían entre 3 y 9 años, como los de la excursión de ayer, me miraron atentos y de repente como por arte de magia se colocaron en hilera, uno al lado del otro, justo como yo me lo había imaginado. Y se quedaron parados con los ojos fijos en mi y en mi cámara. Yo, alucinada preparé mi objetivo y me puse a disparar fotos y fotos y fotos… pero con una hubiese bastado. Hice muchas pero todas salieron igualitas. Ellos no se movieron ni un milímetro. Ni me quitaron los ojos de encima. Ni uno solo se puso a llorar, ni se peleó con el de al lado. Ninguno se tapó la cara ni empezó a hacer el tonto al sentirse observado.
Cuando acabé y les di las gracias cruzando las manos e inclinando la cabeza, todos me sonrieron y poco a poco volvieron a sus quehaceres. Unos a jugar, otros pusieron rumbo a sus casas, otro se pusieron a charlar entre ellos.
¡Que tranquilidad!
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Categoría Birmania
Etiquetas: , Fotografia, Viajar con niños
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