Un ojo de cristal para viajar a Mongolia
Escrito por: laviajeraempedernida | 14 de julio de 2009
El otro día les hablaba de fotos que nunca se publican y hoy voy a hablar de anécdotas que nunca salen a la luz. Mejor dicho, de historias de viajes, de vivencias personales de esas que se cuelan en las conversaciones entre viajeros y que normalmente sólo circulan de boca en boca.
Yo tengo la costumbre de apuntar todas las anécdotas curiosas que me cuentan los distintos colegas y locos varios con los que coincido en mis viajes. Las colecciono, no se bien para qué, quizá con al esperanza de que algún día, cuando logre acumular historias suficientes, estas puedan convertirse en un libro. ¡Ojalá!.
Hace unos días, unos lectores del blog me enviaron un correo contándome que este verano van a participar en la caravana del Mongol rally, una aventura que les llevará desde Galicia a Barcelona y desde allí a Praga y a Ulam Bator. Contactaron conmigo en busca de consejos pero lamentablemente, no pude ayudarles pues no conozco Mongolia ni he participado nunca en un rally (aunque me encantaría).
Hace un rato, mientras pensaba en ellos y en la aventura que están a punto de comenzar, de repente recordé una anécdota que me contó un amigo sueco hace unos meses. Este amigo es periodista y trabajó mucho tiempo para la edición norteamericana de National Geographic. Estábamos tomándonos unas copas en una terracita en la isla de Losinj (Croacia) cuando me contó que Mongolia había sido uno de los países del mundo que más le había sorprendido.

Mi amigo el sueco, narrador de la anécdota en Mongolia, el tercero por la izquierda
En aquellos buenos tiempos del periodismo, lo normal era que viajasen equipos enteros para hacer los reportajes y mi amigo me contó que para hacer el tema de Mongolia, la revista había movilizado a seis personas. Se habían pasado casi un mes recorriendo el país, viviendo en campamentos improvisados… Y un día les atacaron. Si, al parecer, unos tipos armados con pistolas irrumpieron una tarde en una de las tiendas pero los bandidos tuvieron mala suerte. En la tienda en cuestión dormía un miembro del equipo que tenía ¡un ojo de cristal!, y casualmente, ese día se había quitado la prótesis para dormir. Al ver que le amenazaban, cogió raudo su ojo y salió para enfrentarse a los atacantes quienes, al ver ante ellos a tipo ¡con un ojo en la mano! empezaron a gritar y huyeron despavoridos.
A partir de ese día, el viaje siguió sin percances. Al parecer, había corrido entre los lugareños el rumor de que entre los periodistas había algo así cómo un brujo y ya nadie quiso problemas con aquellos extranjeros extraños.
Yo no he vivido esta historia en persona y no puedo asegurar si la anécdota es cierta o si es una historia inventada o exagerada. Pero creo que si mañana me fuese de viaje a Mongolia, por si acaso, probablemente llevaría en la maleta un ojo de cristal… Nunca se sabe. Ese es mi consejo.
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Categoría Mongolia
Etiquetas: , Curiosidades viajeras, Experiencias personales
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