Los apagalunas de Malinas y el bar mas kitsch de Gante
Escrito por: laviajeraempedernida | 23 de noviembre de 2008
Y otra vez en casa tras una semana de ausencia.
Lo mejor de aterrizar de nuevo en casa en dejar atrás la sensación de frío como el que pasé el último día en Malinas, otra ciudad flamenca donde acabó mi itinerario por tierras belgas.
Diminuta y coqueta, hoy Malinas (Mechelen en flamenco) es una localidad que pasa desapercibida para los viajeros que cuando visitan este país suelen centrar su interés en Bruselas, Amberes, Brujas o Gante… pero Malinas, situada a sólo 25 kilómetros de la capital es buen lugar a donde escaparse un día.
Pasear por sus calles llenas de joyas arquitectónicas es muy agradable (especialmente si el termómetro no baja de los quince grados). Llama la atención la cantidad de edificios históricos, hecho que se aclara cuando la guía me explica que durante la Edad Media, durante el Ducado de los Borgoña, Malinas fue nada más y nada menos que la capital de los Países Bajos.
La historia de la ciudad rebosa anécdotas. Me cuenta la guía la historia de que una noche, un habitante de Malinas vio, al salir de una taberna donde había bebido alguna que otra cervecita de más, que la torre de la catedral estaba ardiendo. Inmediatamente dio la alarma. Y la campana empezó a sonar: ¡fuego, fuego! Los vecinos de Malinas, raudos cogieron cubos de agua y subieron en cadena a la torre pero… ¡sorpresa. Al llegar arriba descubrieron que el resplandor que tanto les había asustado no era más que el reflejo de la luna. Desde entonces se dice conoce a los vecinos de Malinas como los “apagalunas”.
Me cuenta también la guía que en la Plaza Mayor (Grote Markt), hay un bar (el Dem Beer) al que una vez llegó Carlos I de España y V de Alemania a pedir una cerveza (al parecer la cerveza de Malinas era su favorita). El emperador venía de dar un paseo por el campo y se había ensuciado bastante, con lo que al verlo la dueña del local le prohibió la entrada. Por suerte, alguien alertó a la mujer de que el cliente rechazado era el mismísimo emperador y esta, entonces, salió en su busca y le rogó que por favor, entrara en su taberna. Si quieres identificarla es fácil, tiene un oso esculpido en la puerta.
Pero hablando de bares, no me resisto a describirles uno donde estuve tomando una copa el otro día en Gante. Esta capital flamenca es una de las más universitarias, meca de los Erasmus españoles y como no, famosa por su marcha. Yo lo pude comprobar en persona el pasado jueves (el día que más se sale). Y la segunda copa cayó en un sitio de lo más kitch: el Pink Flamingo (Onderstraat, 55), un bar de lo más kitsch que he visto nunca, decorado con fotos de películas de Almodóvar, con las paredes empapeladas al estilo años 70 y con una lámpara hecha a base de muñecas barbies digna de ver. Curioso lugar donde empezar la noche. ¿Les gusta?
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Categoría Gante, Malinas
Etiquetas: , Cultura, Curiosidades viajeras, de marcha, Experiencias personales, leyendas, personajes históricos
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