Cornualles y el castillo de Tintagel, el del Rey Arturo

Hoy fue uno de esos días que empezó mal. Lluvia tras una mala noche (mi teoría es que al tercer día el cuerpo ya empieza a extrañar la cama propia), pequeños contratiempos típicos en un viaje con niños, despistes, olvidos…

Llegamos a Tintagel  algo cabreados, pero nuestra cara empezó a cambiar durante la visita a las ruinas del castillo donde nació el mismísimo Rey Arturo, situado al borde un hermoso acantilado en esta localidad del condado de Cornwall (Cornualles), en el suroeste de Inglaterra.

Castillo de Tintagel

De repente, el día cambio y la lluvia dejo paso al sol, algo muy típico en Inglaterra donde el tiempo es muy cambiante. El humor de las niñas empezó a mejorar, quizás debido a la magia del mago Merlin. Al salir del castillo ya todos luciamos mejor cara.

Castillo de Tintagel

Pero no fue el castillo lo mejor del día. La comida fue genial, en un merendero coqueto y tranquilo. Y agradable el paseo por un pueblecito pesquero llamado Port Isaac donde hicimos una parada improvisada. Que bien nos supo esa cerveza en un pub frente al mar mientras las niñas jugaban en la playa (diminuta pero divertida).

El día concluyo con una cena en otro lugar encantador llamado Padstow y viendo el atardecer mientras escuchábamos a la orquesta local tocar en el puerto. Las niñas bailaban muertas, nosotros estábamos encantados. La jornada, entonces, acabó muy bien.

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Orquesta en el puerto de Padstow

Es normal. Los viajes no siempre son maravillosos. También hay momentos de tensión, de enfados, de horror, y mas cuando se viaja en familia.

Y lo mejor de los viajes no son siempre los grandes monumentos, ni los museos. A veces, una buena cerveza en la terraza mas cutre sabe mejor que la contemplación del mejor cuadro del mejor museo. Y hay castillos y palacios que merecen la pena, sin duda, pero con moderación. El exceso de monumentos a veces marea. Y eso de ver por ver, para tener la foto, no es lo ideal. Viajamos, yo al menos, para disfrutar. Y son esos pequeños instantes los que dejan el mejor sabor de boca.

Seguramente, dentro de unos años me olvidare de los detalles del castillo del Rey Arturo. Pero la música de la orquesta de Padstow, las risas de las niñas y la luz de aquel atardecer seguro se quedaran grabados en mi mente mucho tiempo.

Ese momento ha compensado el largo trayecto hasta el condado de Cornualles, que por cierto, ya no tiene nada que ver en lo estético con los Cotswolds. Aquí en Cornualles la estética de las casas ya no es tan preciosista. Es mas, la casa en la que me alojo tiene 400 años, y se conserva bien. Pero ojo, sus ventanas son de pvc. Creo que eso en los Cotswolds estaría penado con la guillotina, por lo menos.

4 pensamientos en “Cornualles y el castillo de Tintagel, el del Rey Arturo”

  1. Me alegro de que disfrutes del viaje;creo que se trata de un viaje unico,de esos que tienen algo mas que un simple y agradable paseo turistico;ese misticismo personal que tiene todo lo que nos perturba por dentro cuando leemos Los Pilares de la Tierra,o cuando vemos Excalibur.Creo que para gente como yo(y como vosotros)este sería un viaje único,lleno de experiencias personales y de simbolismos que nos retrotraerían a nuestros pasados mas intimos,y no solo por los monumentos,historias o ruinas,sinó porque mucha gente se identifica en cualquier parte de Europa,creo,con la historia y el pasado de la
    Bretaña,la sajonia y la ingraterra de aquellos dias,historia que trascendió y determinó en gran medida la historia de la Europa actual,historia llena de historias que han forjado las leyendas y los cuentos que ocupan aún a nuestra edad,nuestros sueños y nuestras inquietudes mas intimas.

  2. Estoy de acuerdo con vosotras, Sandra y Nani, pero también creo que viajamos buscando el Mal de Stendhal.

    Una belleza que abruma, creaciones que superan lo comprensible para nuestra razón.

    La contemplación de un cuadro que cambia tu vida para siempre. Entender otras religiones visitando una mezquita, comprender profundamente el sentido del amor extremo a través de un monumento.

  3. Estoy totalmente de acuerdo contigo. Viajar es una conversación instranscendente con un lugareño, es disfrutar de una bebida fresquita cuando se tiene sed en un entorno agradable, es un momento, una luz, una melodía, una lengua que no se reconoce pero que suena bien, es lograr entenderse por señas o gestos con alguien muy diferente, es un gesto… Y esos momentos se tensión también enriquecen. Sobre todo, si se salvan. Un saludo, familia.

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