De castillo en castillo en el interior del Alentejo, Portugal

Recorrer los pueblos del interior del Alentejo, en Portugal, es una experiencia viajera  especial.

Lo primero, destacar la situación fronteriza de todas estas localidades, ubicadas al borde de “la raya”: la línea que separa España de Portugal.  Rodeada de castillos y fortalezas originarías de la Edad Media que salen al paso y advierten al viajero de que se encuentra en una zona estratégica, ¡rica!, privilegiada y que había que proteger a toda costa.

Pero lo mejor es que hoy en día, muchos de estos castillos están restaurados y ubicados en el medio de pueblos cuyas callejuelas empedradas esconden rincones que enamoran. A mi al menos me han dejado huella.

Panorámica de Castelo de Vide
Panorámica de Castelo de Vide

Si tengo que hacer mi lista de imprescindibles, quizá sea Castelo de Vide el que más me ha gustado, probablemente porque es uno de los mejor conservados y también porque llegué allí sin grandes expectativas.  Su simple visión en lo alto de una colina ya advierte de que este es un lugar especial . Y la sorpresa me encantó. Llaman la atención sus casas impolutas, con el blanco y amarillo como colores protagonistas. Esas calles sinuosas. Tranquilas.

Callejuela de Castelo de Vide
Callejuela de Castelo de Vide

El paseo hasta el castillo es de lo más agradable. Y curiosa la contemplación del barrio judío donde se conserva una de las pocas sinagogas de la zona. Al parecer, me cuentan durante los años duros de la inquisición, muchos judíos españoles (sefarditas) huyeron de Castilla y se refugiaron tras estas murallas. Y así fue como creció Castelo de Vide. Es interesante comprobar como esa huella se ha conservado hasta nuestros días.

Judería
Judería

Y las tiendecitas… ¡me encanta curiosear en las tiendas de antigüedades portuguesas donde siempre encuentro tesoros!

tienda castelo

Muy cerca de Castelo encontramos otra joya que no puede pasar desapercibida al viajero amigo de exprimir el Alentejo portugués. Marvão. Otro pueblo vigía, totalmente fortificado, así llamado en recuerdo de Ibn Marwan al-Yil’liqui, un caudillo musulmán apodado “el gallego” que creó un reino independiente con capital en Badajoz, y que una vez derrotado, se refugió del mundo aquí, en Marvão. En su memoria se celebran todavía hoy en día fiestas con un toque islámico como la Al- Mossassa, un festival clásico en el mes de octubre en el que Marvão se llena de color.

Marvao engalanada para la fiesta de la Almossassa
Marvao engalanada para la fiesta de la Al-Mossassa

Reina esta localidad altiva en su trono de roca de cuarzo situado a más de 800 metros de altura, en una de las cimas más elevadas de la zona. La verdad, agota sólo el pensar la obra faraónica que los creadores de este enclave tuvieron que afrontar en su momento para levantar esta fortaleza, allá por el siglo XIII.

Panorámica de Marvão
Panorámica de Marvão

Han pasado los años y la sólida e inexpugnable muralla elevada sobre el granito sigue impecable. Casi podríamos decir que reluce tras las últimas obras de recuperación acometidas que han dejado Marvao impoluto.

Callejuela en Marvao
Callejuela en Marvao

La ruta es clara. Se deja el coche fuera. Cruzamos la puerta de la muralla y… ¡sorpresa! ¡Bienvenidos a la Edad Media!

Plaza de Marvão
Travessa da Praça, en  Marvão

El paseo lleva por callejuelas empinadas y empedradas que discurren entre encaladas casitas blancas (consejo: ¡prohibido llevar tacones!) rumbo al castillo, o mejor dicho, “castelo” como se llama en portugués. Un valioso mirador desde cuya torre de Homenaje, los portugueses tenían siempre vigilada la cercana frontera: toda la región del Alto Alentejo y el parque Natural de la Sierra de San Mamede a nuestros píes. Y España allí, al frente. ¡Todo controlado!

Castillo de Marvao
Castillo de Marvao

Hoy en día, son los aficionados a la fotografía los que más disfrutan sacándole jugo a todos los encantos y recovecos de esta fortaleza.

Sierra de San Mamede
Sierra de San Mamede

Pero ojo, Marvao no es una postal. Aquí vive gente. Además de hotelitos y restaurantes hay casas particulares, supermercados y hasta ¡un mercado semanal, cada ocho días! al que aún acuden muchos españoles en busca de productos portugueses de calidad.

Y no sólo hay castillos en esta zona. Al recorrer estas carreteras, asoman restos de un pasado aún más remoto. En el Alentejo se conservan también dólmenes y antiquísimos monumentos funerarios fechados en el cuarto y tercer milenio antes de cristo que demuestran que esta zona de Portugal no solo nos conquista a nosotros. ¿La prueba? El menhir de Meada, el más alto de la península ibérica y situado aquí, al lado de Castelo de Vide. Podríamos decir que el Alentejo fue un destino atractivo para pobladores de todas las épocas.

Marvao torre

Hay más pruebas. Mi viaje por el interior del Alentejo sigue y me esperan visitas a otros enclaves míticos como Elvás y Évora, localidades que presumen, ambas, por estar protegidas como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco y de las que hablaré en el próximo post. Pero también pienso hacer parada y fonda en otros pueblecitos menos turísticos pero que me han contado, tienen un encanto especial.

¿Algún consejo? ¿Algo que no deba perderme en este viaje?

 

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