Con derecho a soñar con un cambio de vida

Estoy sorprendida por la reacción que ha tenido mucha gente en todo el mundo ante la oferta de trabajo publicada hace un par de días por la Oficina de Turismo de Queensland (Australia). Sí, ya saben, la oferta de la que hablé en el post anterior. Seis meses de vida placentera en una isla exótica a cambio de 100.000 dólares.

La cantidad de gente que me ha escrito preguntándome dónde inscribirse ha sido sorprendente. He recibido también muchos correos de personas que no sólo me pedían más información sobre ese maravilloso empleo. Muchos de ellos aprovecharon el anonimato y la lejanía que mi persona les transmite para contarme sus penas, sus problemas… durante un par de días me he convertido en una especie de consultora sentimental, un hombro donde llorar. Imagino que esto no me ha pasado sólo a mi. Como les conté ayer, la web donde los candidatos a este trabajo podían inscribirse se bloqueó a las pocas horas de la publicación de la oferta…

La reflexión que hago tras todo lo acontecido es cuan grises sentimos que son nuestras vidas. Y que soñadores nos volvemos algunos ante la simple idea de huir de la monotonía.

Pero lo mejor de todo esto no es la oferta de empleo. Ni la aspiración a ser el afortunado elegido. Creo que lo más anecdótico es que en estos dos días, ha habido un buen puñado de gente repartida por todo el mundo que se ha convertido en el protagonista del cuento de “La Lechera”.

Aspirantes al “mejor trabajo del mundo” que llevan dos días soñando con su cuerpo tumbado a la bartola en esa isla, imaginado la cara que se les quedará a sus conocidos cuando les digan que han sido los seleccionados; la fiesta de despedida; lo qué meterían en la maleta; lo que dirán en sus trabajos el día que comunicasen su partida rumbo a un nuevo empleo y a una nueva vida. De verdad. ¿Quién no ha soñado con la cara de asombro y envidia de su jefe ante la buena nueva: “Adiós, dejo el supermercado (o la oficina, o el banco o la redacción o lo que sea) y me marcho seis meses a tomar el sol en Australia. Prometo enviaros una postal je, je, je (la risa irónica y malvada del final es fundamental).

Y aunque sólo uno va a ser el candidato elegido, da igual. Los restantes aspirantes han ganado con la imaginación y eso es también importante.  Por que a veces, lo mejor de las cosas no es conseguirlas sino desearlas. Lo mejor de un viaje suele ser su preparación, cuando uno se enfrenta al mapa del mundo y piensa cual va a ser su próximo destino. Esa etapa previa a la partida cuando uno se informa sobre el destino, empieza a descubrirlo, a empaparse de su esencia y a imaginarse las posibles experiencias que va a vivir durante su escapada: “¿a quién conoceré? ¿qué comeré? ¿será bueno el hotel? ¿qué tiempo hará? ¿meteré un paraguas en la maleta, por si llueve?”. En esa primera fase del viaje todo es posible. No hay nada como dejar correr la imaginación.

Bueno, no me enrollo más que tengo un montón de trabajo. Tengo que informarme bien sobre Queensland, ir a clase de inglés y empezar a preparar mi despedida.

Sí, ¿qué pasa?. Yo también tengo derecho a soñar. ¿no?

2 pensamientos en “Con derecho a soñar con un cambio de vida”

  1. Hola Cris.
    El reportaje sobre Isla Mauricio sale publicado justo hoy (viernes 16 de enero) en el suplemento Fugas de La Voz de Galicia. Espero que te guste y que te ayude a decidirte por el destino. Ya me contarás si finalmente te decides a hacer ese viaje.
    Gracias y saludos.

  2. Hola Nani, estoy espererando impacientemente tu artículo sobre Mauricio, mientras tanto aquí nos vamos calentando como podemos y echando en falta el sol tropical. A ver si nos animamos con tus consejos y nos vamos al Índico y puede que nos encontremos con Le Clézio, que por cierto ha comenzado el año allí, me lo contó él personalmente cuando me lo encontré en Navidad en París desayunando en Les deux Magots.

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