El perrito japonés

Al viajar y charlar con otras personas no sólo se aprende mucho sobre el destino en el que nos encontramos. A veces, las experiencias personales de otros nos enseñan cosas sobre países que nunca hemos visitado.

Eso fue lo que me pasó a mi la semana pasada en Oporto. Tuve la suerte de contar con una guía excepcional, Carolina. Ambas conectamos desde el primer momento. Con ella, la visita a Oporto fue muy placentera y didáctica ya que me enseñó muchas de esas “perlas” que los periodistas especializados en viajes buscamos en todos nuestros destinos, esas direcciones que no salen en las guías, esos lugares por donde nunca pasan turistas y que solo los locales conocen.

Durante los tres días que pasamos juntas hablamos de muchas cosas: de Oporto, por supuesto, de Portugal, de Galicia, de España, de la vida, de los hijos (Carolina tiene tres hijos como yo, quizá por eso conectamos tanto) de cómo era la vida en uno y otro país… Y entre charla y charla, Carolina me contó una historia que me quedó grabada.

Tenía ella 8 años y se fue con sus padres a un viaje a Tokio. Su padre tenía trabajo allí y aprovechó la ocasión para llevarse a toda la familia. Una tarde, paseando por un mercado Carolina vio un puesto donde vendían perros. Y se encariñó con un cachorrito que asomaba el hocico en una caja de cartón. Tanto le gustó el animal que empezó a darle la lata a su padre: “papa, quiero el perro, papá, cómprame ese perrito. Papá, quiero llevarme ese cachorrito a Portugal….”.

Quien tenga hijos, seguro sabe cuan pesado puede llegar a ser un niño cuando se encapricha con algo. Y Carolina insistió tanto que finalmente, el día antes de volver a Portugal, su padre cedió y se la llevó al mercado para comprar el deseado perro.

Carolina llego feliz ante el puesto de animales y allí estaba el cachorrito, mirándola. “¡Quiero este!”, señaló. La dueña del puestecillo, cogió el animal y se lo llevó dentro. Carolina esperaba impaciente para poder acariciar a su nueva mascota cuando de repente, la señora apareció de nuevo y le dio a la niña una bolsa. Sí. ¿Una bolsa?. Sí. Una bolsa de plástico en cuyo interior estaba ¡el perrito cortado a trocitos!. Listo para echar en la cazuela.

Carolina, al comprender lo que había pasado se puso a llorar desconsoladamente. Y su padre, atónito, pagó su compra y dejó en el puesto la bolsa con los restos del animalito aún calientes.

La cara de Carolina mientras me contaba la historia era aún de angustia. Me confesó que aquella fue una de las mayores decepciones de su vida. Y que nunca más volvió a Japón, ni tiene ganas de volver a pisar ese país. No lo puede evitar.

Es curioso. Una anécdota sobre Japón de la que me he enterado en un viaje a Portugal. Historias y experiencias que se cruzan. Como la vida misma. ¡Me encanta!.

11 pensamientos en “El perrito japonés”

  1. Hola he leido la anegdota del perrito…pero yo he visitado el japon por algunos meses, y lo he recorrido, conozco gente de allá, y jamás vi ni me han comentado sobre esto! en china si es posible, pero en japon? alla si hay algun animalito es mascota y lo super cuidan, “no se lo comen!!”

  2. Nuria, gracias por tu apunte.
    Como explico en el post, esta historia me la contaron, no le he vivido yo personalmente. Y tampoco he estado nunca en Japón, país que me atrae mucho y que seguro visitare´alguna vez en la vida. Y simplemente le he contado porque a mi me pareció una historia muy curiosa, y, la verdad, no me plantee en ningún momento su credibilidad ni sentí la necedsidad de contrastar su certeza.
    Si la chica que me contó la anécdota me ha mentido o se la ha inventado, o la ha situado en un lugar incorrecto pues lo siento. Lamento no conservar su contacto para preguntarle el origen de esta anécdota.
    Gracias por aclararnos este detalle de la vida en Japón.

  3. En Japón, no sólo no comen perro sino que por no comer… no comen ni conejo! (cosa que nosotros si hacemos y nadie se pone las manos a la cabeza). Los conejitos son allí animales de compañía, como aquí los gatos… así que imagina la cara de horror que pusieron mis estudiantes cuando les comente (sin ningún tipo de rubor) lo que hacíamos en España con sus mascotas…
    Francamente, en otro sitio no me habría molestado en escribir pero si te llamas periodista no puedes escribir cualquier cosa y quedarte tan ancha.

    He vivido más de 4 años allí y he sentido curiosidad por saber que contabas de mi Japón… qué decepción, la verdad.

  4. Joer, yo me estaba encariñando con el perro también. Me ha gustado mucho el relato, en serio, pero lo cierto es que …

    … NO SEAIS HIPóCRITAS !!!:

    Es exactamente lo mismo que comerse una hamburguesa de cerdo, vaca o cualquier otro animal.

    saludos a los vegetarianos.

  5. Joer, yo me estaba encariñando con el perro también.

    Bueno, lo cierto es que …

    … NO SEAIS HIPóCRITAS !!!:

    Es exactamente lo mismo que comerse una hamburguesa de cerdo, vaca o cualquier otro animal.

    saludos a los vegetarianos.

  6. Pingback: El perrito japonés
  7. si non e vero e ben trovatto o algo asi era ¿no? ocurre que
    esta historia es una antigua leyenda urbana que circula en
    varios paises y esta recogida incluso en el libro leyendas
    urbanas en españa, con ligeras variantes.

  8. Cualquier cosa puede pasar en Japon. Es un pais enigmatico y puedes ser sorprendido en algun momento

  9. mátame camión!!!! qué complicado sobreponerse a tan terrible acontecimiento!!!! o meu deus!!!! no sólo nosotros tenemos que estar contentos de haber nacido en que parte del mundo.. aunque… pobres conejillos.. o pollitos, o vacas.. o … si todo depende de con qué punto de vista se vean las cosas….

    viva portugal!!!

  10. No sé si reconocerlo, pero es que me partí de risa cuando leí la anécdota del perro… Si es que es necesario salir de casa, aunque sea a la vuelta de la esquina, para conocer situaciones que ocurren en otras culturas! Pobre perrito!

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