Sin internet en Galicia y un viaje a Birmania

Estos días no he podido actualizar el blog. Ha sido sin querer. Quienes siguen esta bitácora viajera saben que he escrito posts desde lagos helados, desde aeropuertos, desde dispares puntos de Europa, desde islas perdidas en el Océano Índico, en el mar Caribe… y casi siempre he tenido buena cobertura con mi inseparable Blackberry. Y en los contados casos en los que la cobertura ha fallado, siempre ha aparecido un hotel o un ciber-café donde poder conectarme a Internet y actualizar mis posts.

Sin embargo, esta Semana Santa la tecnología ha jugado en mi contra. Y les aseguro que no he estado enningún sitio extraño, no. He pasado estas vacaciones en una aldea cercana a Betanzos (en la provincia de A Coruña) que seguro les resultará a muchos más familiar y accesible que muchos de los otros destinos a los que me he referido en otros posts. La sensación de relax ha sido plena, y he vuelto a casa nueva. Sólo ha fallado una cosa: de Internet ni rastro. Por primera vez en mucho tiempo, mi Blackberry se ha quedado dormida en el bolso, un descanso obligado porque en la pantalla figuraron durante los cuatro días las palabras “sin conexión”.

Y esa es la razón por la cual una adicta a la tecnología (y a la “literatura”) como yo se ha visto obligada a dejar de escribir durante cuatro días. Eso si, he de reconocer que la cura me ha venido bien. El primer día sin cobertura me sentí un poco incómoda, indefensa. El segundo seguí probando pero ya resignada a la desconexión. El tercero ya ni encendí el teléfono. A todo se acostumbra una.

A cambio, me lo he pasado bomba viendo como mis hijas se subían a un  burro, como disfrutaban viendo vacas de cerca. He comido el mejor caldo de mi vida. Y he descubierto que cerca de nosotros hay otro universo de gente que vive sin haber encendido nunca un ordenador, sin haberse subido jamás a un avión… es más, he conocido a una mujer mayor, muy muy mayor, que NUNCA ha visto el mar a pesar de vivir a sólo veinte minutos en coche de la costa. Y estoy segura de que esa mujer no es una excepción. Seguro que muchos de mis lectores conocen casos similares.

Yo me he reservado el nombre de la aldea y de la persona en cuestión que nunca ha visto el mar (y que todavía cocina en una lareira, especie de chimenea típica en la Galicia rural de antaño) porque me así me lo han pedido: “no cuentes esto por favor, ¡que va a pensar la gente de nosotros!”, me rogaron. Y creo que tienen razón. Porque los nombres en este caso son lo de menos, lo que cuenta son las sensaciones. Y saber que muy cerca de mi casa hay gente que vive de un modo completamente distinto al mío. Yo no podría vivir como ellos, pero para ellos mi rutina sería también un infierno. Seguro.

Ah, y por cierto. ¡Felicidades Ana!. Efectivamente, la foto misteriosa del post anterior era la pagoda de Shwedagon en Rangún (o Yangon) en la vieja Birmania (nombre que me gusta más), país que como bien dices hoy se llama Myanmar.

Pienso en la foto y me viene a la cabeza el aroma a jazmín que impregna todos los rincones de la pagoda que por cierto, a última hora de la tarde es un lugar mágico. Especialmente cuando la tenue luz del ocaso tiñe de rojo el dorado intenso de la estupa y la gente invade el templo para rezar, pasear o simplemente relajarse y descansar. Ana, si lo has acertado porque has estado allí seguro que entenderás mis palabras. Y si no has estado, no lo dudes si algún día tienes la posibilidad de hacer ese viaje. Birmania es también un buen lugar donde ver como realmente hay gente que vive de un modo completamente distinto al nuestro.

Aunque este último ejemplo está un poco más lejos de Galicia.

5 pensamientos en “Sin internet en Galicia y un viaje a Birmania”

  1. Yo tengo muchos amigos, gente universitaria, con buenos trabajos y si problemas economicos q nunca han salido de EspaNa. Y muchos de ellos nunca han volado en un avion. Ni les apetece hacerlo.

  2. Personas con mucha humanidad,obsequiosas apesar de sus muchas carencias.Al tiempo se les ve muy felices.Sería deseable que sus virtudes se estendieran mas.

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