"Guiris&quot y los taxistas de Madrid y de Praga

Ayer cerré el post haciendo una reflexión sobre turistas y viajeros. Y hoy me apetece seguir por ahí porque mientras descargaba las fotos de Praga se me ha venido una anécdota a la cabeza. Quería coger un taxi desde la plaza de Staromestska hasta el Praha, uno de los hoteles en los que me alojé durante mi estancia en la ciudad, un cinco estrellas cuyas instalaciones están bien pero que queda muy alejado del centro. Antes de subir al taxi, yo tengo siempre la costumbre de preguntar cuánto va a costar la carrera y en esta ocasión el taxista me dijo que 450 coronas (unos 17 euros). Caro, sí, pero no desproporcionado. Vale. Peor fue lo de un compañero de viaje a quien por ese mismo trayecto le cobraron ¡650 CORONAS! (unos 25 euros) y eso si que fue una estafa. Sin embargo, al reclamar a la policía que casualmente estaba a la puerta del hotel cuando llegó el taxi (era su deber como viajero atracado), nadie le hizo ni caso.

 

Ese es uno de los problemas de ser turista. La sensación de que la gente, por el simple hecho de ser extranjero en otro país, te vea como un dólar con patas a quien hay que timar, atracar y estafar es de lo más desagradable. Y eso, por desgracia es una norma no escrita que en España se cumple a rajatabla. A los “turistas” en Madrid, los taxistas los ACRIBILLAN. Es vergonzoso. Yo misma, que me conozco bien Madrid, he tenido broncas con varios taxistas al descubrir que me daban rodeos o que no que querían llevar a mi destino. Una vez, en Barajas, un taxista llegó a sacarme las maletas del taxi y a echarme del vehículo cuando le dije que mi destino era IFEMA, demasiado cerca del aeropuerto para que su carrera fuera rentable. AsÍ que ¡FUERA!.

 

Pero el problema no es sólo de los taxistas. En muchos restaurantes, sobre todo los que están cercanos a monumentos importantes, los precios son desproporcionados, es decir, sólo aptos para “guiris”.  Y la falta de profesionalidad es tan evidente que asusta, no sólo en el sur, la zona más “turística”. Podría poner ejemplos lamentables en ciudades muy cercanas, como por ejemplo Santiago de Compostela, donde la atención de mucha gente del sector deja mucho que desear. O en mi querida Asturias… todavía recuerdo el clavel que intentaron meterme hace pocos meses por un rodaballo en un merendero cerca de Oviedo. Seguramente, al oír mi acento gallego pensaron ¡toma! atraco al canto. Por supuesto, pedí el libro de reclamaciones y al ver mi cara de mala leche rápidamente me bajaron el precio y me pidieron mil disculpas. Sí, efectivamente la cuenta estaba mal pero, ojo, ellos no tenían la culpa, todo había sido un malentendido. ¡Que pena!.

Booking.com

 

Creo que todos los que viajamos mucho, nos hemos sentido estafados en más de una ocasión. Y la impotencia que se siente ante esos hechos es grande. Más aún cuando estás en un país donde no hablan tu idioma, y donde expresarse y aclarar los hechos resulta tarea complicada porque una cosa está clara, cuando a uno no quieren entenderle, da igual el esfuerzo que se haga. Es frustrante.

 

Que esas experiencias me pasen fuera de España me entristecen mucho, pero cuando me estafan en mi propia casa me cabrea todavía más. Los responsables del turismo, políticos y demás, están todo el día hablado de la importancia de nuestras excelencias, de la calidad, de la necesidad de que lleguen más viajeros a nuestro país (que depende del turismo mucho, mucho, mucho) pero se toman muy pocas medidas para transmitir esa sensación de seguridad que, en mi opinión, es tan importante para la imagen de un destino.

 

Cuando yo piense en Praga a partir de ahora, recordaré una ciudad preciosa donde los taxistas son peliagudos. Lo mismo pienso de Madrid. Y en Asturias, hace ya tiempo que miro con LUPA las notas de los restaurantes. Ya, lo se, no todos los taxistas madrileños son malos malísimos, ni todos los de Praga… ni en todos los restaurantes de Santiago de Compostela abusan de los precios… pero con uno que lo haga, la mala fama ya está ganada. Por eso el problema es tan grave.

8 pensamientos en “"Guiris&quot y los taxistas de Madrid y de Praga”

  1. Mi consejo es que puede ser fruto del poco desarrollo y preparación en el viaje.
    Está claro que nadie nos puede quitar la careta de turista, pero sí disimularla yendo a los sitios adecuados jeje

    Praga es una ciudad maravillosa donde encima el transporte público es económico y conecta con todas las partes de la ciudad (aeropuerto, centro, periferia…)

    Yo sólo hice uso del taxi una vez, en mi primera visita a Praga (he ido varias veces)me explicaron bien las combinaciones de transporte y todo y adiós taxi!

    Mi hermano ha ido hace una semana y él desde su llegada hasta su vuelta ha tenido atención en español y completamente económica con White Umbrella http://whiteumbrellatours.com/tours-de-praga/?lang=es

  2. Si se organiza bien y con relativo tiempo el viaje hacia Praga, se pueden evitar estos abusos por parte de los taxistas….
    En grupo de 4 amigos fuimos a la ciudad la semana pasada y el traslada desde el aeropuerto al hotel y todo lo demás nos lo gestiono una agencia. Nos daba la opción de que el conductor y todo hablase en español!! Lo cual es un alivio recién aterrizados en la ciudad….
    Os paso el enlace http://muchapraga.com/

  3. Pingback: Una reflexión sobre el año Xacobeo y sobre sus soñados diez millones de turistas « La viajera empedernida
  4. Efectivamente, impotencia es una palabra poco escrita y muy utilizada en cuanto al abuso que los viajeros sufrimos a todas horas, en nuestro mismo país incluso, y como bien señala Nani. No se mucho de Europa, pero recien visite Perú, tomé un taxi en el aeropuerto, me dijo que me cobraría 15 dólares y al llegar al hotel que siempre no, que era lo que marcara su pinche taximetro y toma que eran 25… La pelea y mejor le pare, se los pague y los del hotel, tampoco hicieron nada. va!

  5. Mi peor experiencia con los taxistas me pasó precisamente en Praga. Ahí aprendí que NUNCA debes darle al taxista un billete grande y esperar el cambio FUERA del taxi.
    Aunque eso ocurrió en 1994, no parece que hayan cambiado mucho las cosas.

  6. Hola a todos!

    Efectivamente ser turista tiene esos imcpnvenientes, así que yo, en la medida de lo posible siempre que viajó intento mimetizarme camaleonicamente con la flora, fauna y demás del país en cuestión. Un ejemplo, fui a cuba y como sabía un poco a lo que me exponía a la hora de coger un taxi “oficial” acabe por alquilar una moto, un scooter, así que ahí vamos, mi recién estrenado esposo de casi dos metros y yo, isla arriba, isla abajo con tal de no pagar 10 o 12 dólares que nos costaba la carrera. He de decir que por el alquiler del scooter pague 20 dólares por 15 días. Ventajas muchas, íbamos donde queriamos cuando queríamos. Inconvenientes también: alguien ha llevado alguna vez de “paquete” a un tío de dos metros y casi cien kilos al que además le aterran las motos???. Lo bueno de todo eso, además del ahorro económico fue que llegue con las manos más morenas que jamás pude soñar, es lo que tiene ir agarrada a un manillar. Para el que no le guste la opción siempre puede alquilar un coche, eso si, que sea autóctono, sino…descubriran que eres turista y el problema empieza de nuevo.

    PD: imitar el acento también vale, pero solo en países hispanohablantes!!

  7. La verdad es que es vergonzoso en todos lados, pero quizás lo veo más grave aquí, porque en otros países en los que he estado la cosa no la veo tan sangrante.

    En Santiago la última vez que se me ocurrió, por azares del destino, comer en la calle del franco, me acojonó como se puede servir unas patatas fritas congeladas con huevo alrededor y llamarle tortilla española. Ya no es que fuera caro, es que la calidad era penosa.

    En Coruña, que es donde vivo, la zona “guiri” de la marina y la calle de la franja está llena de sitios caros donde te venden mariscadas a precio de oro y con marisco de fuera y malo. En aquella zona se salvan honrosas excepciones como Pablo Gallego, pero aún así es un sitio en el que pagas, y bien, la localización.

    Sin embargo, en viajes que he realizado por Francia, al menos salvanado en mediterráneo la sensación fue bien distinta. En un núcleo dedicado al turimo como Carcassone he podido comer una buena ensalada de salmón ahumado, un guiso de buey, un flan casero y bebida por menos de 15€. Todo esto en el típico sitio atrapaguiris, en una terraza, con servicio de comedor ininterrumpido (de hecho comimos a las 4, y cualquiera que conozca Francia sabrá que eso es como comer aquí a las 6) y con la carta en 5 idiomas.

    La verdad, si no cuidamos esas facetas del turismo, espantaremos a la gente y perderemos esa valiosa fuente de ingresos por ser, como somos, demasiado avariciosos

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