Hotel dulce hotel

En el post anterior, Juan me contaba que estos días, en los hoteles de la India, han reforzado los controles para garantizar la seguridad de sus clientes. Y un poco más abajo, Susana me recordaba lo duras que son las noches cuando uno está de viaje por trabajo y solo. Y la tristeza que se siente al llegar a un hotel por la noche, tras una jornada agotadora…  

Coincido con ella en que es uno de los momentos más críticos de todos los que viajamos por trabajo y solos. A mi me pasa lo mismo. Llego por fin al hotel tras un día caminando por cualquier ciudad del mundo. Aprovecho para llamar a mi casa. Mis hijas se ponen al teléfono y me cuentan lo que han hecho en el cole. La pequeña llora y me dice “mamá, ¿rónre eztáz?”. Y mi marido, muy cariñoso, me pregunta por séptima vez “¿dónde están los zapatos de tenis de las niñas? ¿a qué hora tienen mañana natación?. ¿Cual es la dosis del jarabe para la tos? ¿¡CUANDO VUELVES!?. Después de tener una conversación tan entrañable como esta, la sensación de soledad que se queda en el cuerpo es bastante grande.

No siempre es así. Hay otras ocasiones en las que esas estancias fuera de casa se convierten en equeñas vías de escape para desconectar de ciertas rutinas. Sobre todo si el hotel de destino es bueno. Eso es fundamental. La sensación de vivir lo que antes les contaba desde un hotel cutre es desoladora, sin embargo, cuando el hotel que toca es uno chulo, la cosa cambia un poco. Uno se siente solo igual sí. Pero el spá, la sauna, el wifi, el gimnasio… ayudan a matar el tiempo. Y el estado de animo cambia mucho si la decoración de la habitación es cálida, las almohadas blanditas y el baño tiene una bañera gigante.  

No me importa viajar en clase turista en los aviones (bueno, si me dan busioness no la desprecio por supuesto, pero no es una prioridad); no me importa tener mil entrevistas concertadas. o ver trescientos museos… no me molesta caminar y caminar, lo que haga falta, o que haga frío o calor. Soy una persona bastante fácil y me adapto bastante bien a todo. Pero lo que no soporto es un hotel cutre, lo siento, me deprime tanto que me pongo enferma. Y les aseguro que me ha tocado dormir en muchos hoteles de esos muy deprimentes, quizá por eso los odio tanto.  

Otra cosa que valoro es que el hotel tenga un buen restaurante. Hasta hace poco eso era relativamente fácil en Europa, donde era normal comer y cenar en los restaurantes de los hoteles, no, no me refiero a los clientes sino a los habitantes de la ciudad en cuestión.

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En los últimos años eso se ha puesto de moda también en España. En Madrid hay hoteles cuyos restaurantes se han puesto de moda y tienen overbooking. También a Galicia ha llegado esta costumbre. Por ejemplo, en el hotel Hesperia Finisterre de A Coruña funciona hace ya meses un restaurante donde se puede ir a cenar con amigos un sábado, o a comer con clientes un lunes… y que está muy bien, al menos para mi gusto.  

Sirva como anécdota que esta misma semana, el Príncipe Felipe y su esposa, mi paisana doña Letizia, comieron allí… con todos los restaurantes buenos que hay en Coruña pero no, se fueron directos al Finisterre donde también descansaron un ratito. No he hablado con doña Leti y por tanto no se si la comida le gustó o no, pero me atrevo a asegurar que sí. Y me atrevo también a decir que, seguro, encontró alguna similitud entre la cocina gallega y la asturiana a la que está bien bien acostumbrada. Creo que voy a reservar mesa para este sábado y pedir que me sirvan lo mismo que a los príncipes de Asturias. Mmmm, se me hace la boca a agua. 

Ah. Antes de despedirme un último cotilleo que nada tiene que ver con viajes pero que viene a cuento por el tema de doña Letizia. ¿Sabían que los encargados de las tiendas de Zara llevan toda la temporada demandando ropa violeta y morada y que los diseñadores de Inditex decían que no, que no se llevaban esos colores?. Como sabrán, los príncipes de Asturias estuvieron el martes de visita en la central de Inditex en Arteixo y ¿saben de que color iba vestida la princesa?. ¡Enterita de morado! Je je.

Y ya para terminar, una última reflexión. ¿Cómo será la  maleta de doña Letizia?. ¿Será tan grande como la “nevera” de mi amiga Carla?. Voy a investigarlo.

8 pensamientos en “Hotel dulce hotel”

  1. Lo mejor del hotel Finisterre su solana, una piscina de agua salada donde van los mas pijos de La Coruña pues esta abierta para socios.

  2. yo me quede un par de veces en el finisterre y me gusto mucho como hotel… muy comodo, limpio y decoracion moderna y muy chula y buen servicio… ninguna queja. Eso si, no comi allí ni un solo día. creo que en coruna hay restaurantes muy buenos y meterse en el restaurante un hotel da perezaaaa.

  3. Soy de Madrid y en verano tengo
    una boda en elFinisterre.
    Estaba buscando informacion de ese hotel
    y me a sorprendido ver que es el elegido de Letizia Ortiz.
    Asi que creo que voy a imitarla y q voy a aprobechar y dormire alli unos dias
    asi aprobecho y conozco La Coruna que debe ser una ciudad muy bonita.

  4. Yo estuve una vez en una boda en el Finisterre y la comida no me parecio nada del otro mundo. Espero que el restaurante del que hablan sea un poco mejor.

  5. Con respecto al Finisterre tengo que decir que ya sabía de su buen hacer. El año pasado hicimos allí la cena de Navidad de mi empresa y este año repetimos. La cocina es fantástica y el sitio es estupendo. En concreto el restaurante, es, en mi opinión, uno de los más bonitos de Coruña con esas maravillosas vistas al mar y a la ciudad… Además se come bien que es por supuesto lo más importante.

  6. Hola.
    Me han enviado un correo desde el hotel Finisterre con nueva información sobre su restaurante y sobre la estancia de los Príncipes de Asturias.
    Dice así:
    “Hola Nani. Efectivamente, los príncipes almorzaron en el restaurante “Novo”. De menú tuvieron: ensalada de vieiras con frutos secos, tomate y alcaparras, de entrante y después un variado de especialidades gallegas: Mejillones en escabeche, Empanada de bacalao y pasas, jamón, Tosta de chicharrones con pan de brona, Pulpo á Feira, Zamburiñas asadas con aceite verde y vinagre de módena, Navajas a la plancha y croquetas de bogavante y mango. De postre, filloas rellenas de crema con salsa de chocolate negro.
    Cuando nuestro chef fue a saludarles, los príncipes le comentaron que les había gustado mucho el menú y la princesa destacó la Tosta de chicharrones.
    Se ve que el Finisterre y su restaurante son una referencia para la Casa Real en sus visitas a A Coruña ya que el pasado octubre los reyes también nos eligieron para almorzar cuando vinieron en visita institucional.
    El restaurante Novo ofrece una cocina tradicional pero elaborada de una moderna y cuidada, con una presentación de los platos, exquisita. La carta es amplia, basada en productos de temporada. Destaca el “Menú Gastronómico”, una degustación con una amplia variedad de platos (por 43 euros). Y el “Menú Ejecutivo”, (33 €), en el que se puede elegir entre tres entrantes, un plato principal y postre. Ambos precios incluyen bebidas e iva”.

  7. Un buen hotel siempre se agradece. Pero cuando voy de viaje prefiero los hotelitos pequeños, más familiares. Tan sólo los busco para dormir, ducharme y cargar las baterías de la cámara. Y que estén bien situados. Sobre todo para hacer fotos. Hay terrazas que te alegran el comienzo o el final del día. Me gusta vivir lo más posible la ciudad en la que estén.
    Respecto a lo de comer en el Finisterre, tomo nota.
    Una puntualización: con lo chulísima que es A Coruña, y, corregidme si me equivoco, y los pocos restaurantes con vistas a la playa o al mar que tiene.

  8. Hola, solo puedo aportar una cosa. Es todo un placer cenar en el Finisterre, es tranquilo, tiene un muy buen servicio, muy buena calidad y un precio muy razonable. Ni que decir de las vistas de la que puedes disfrutar desde el salon o de lo comodo que estas en los reservados del mismo restaurante para las cenas o comidas de trabajo.
    Yo vivo parte del año en hoteles, el Finisterre es un lujo a un precio estupendo.
    Un saludo desde Bangladesh.

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