La historia del regateo por la piedra mágica de Marrakech

Ayer, rebuscando entre cajones me encontré  con mi  “piedra mágica”.

Piedra de Cuarzo
Piedra de Cuarzo

La llamo así porque así es como la han bautizado mis hijas quienes se quedaron hechizadas cuando se la enseñé. La compré en un viaje por Marruecos, concretamente en un caótico mercado bereber situado en una aldea perdida en el Alto Atlas llamada Tahanaounate, muy cerca de Marrakech.

Mercado de Tahanaounate, en el Alto Atlas

En realidad esta no es una piedra mágica aunque a los niños así lo piensen por su extraña apariencia. El mineral en cuestión es un cuarzo hueco, en este caso con los cristales de sus entrañas pintados de rosa que suele ser un color más atractivo para los turistas, pero ojo, es tinte artificial. El cuarzo natural es gris.

Pero la anécdota que quiero contar no tiene nada que ver con la autenticidad de la piedra sino con su valor.

Esta es la historia.

Durante aquel viaje, un compañero, Juan, se encaprichó con una de estas piedras de cuarzo.

-¿Cuánto cuesta? – Le preguntó Juan al vendedor, que era un niño. (No olvidemos que el regateo es importante y forma parte de la cultura comercial marroquí) – Toma, ¡te doy 200 dirhans! (dijo Juan equivocándose, inconscientemente, al hacer el cambio de euros a dirhams)

200! NOOOO, NOOOOO señor. ¡DOSCIENTOS DIRHAMS NOOOO señor!. ¡Doscientos NO!. – dijo el niño casi a gritos.

-¿Cómo que no? Vale, vale, contestó Juan. Te doy 250 ¿vale?

DOSCIENTOS CINCUENTA DIRHAMS! NO SEÑOR, NOOOOOOOOOOO – Gritó el niño mientras hacia gestos con las manos.

Bueno, vale, te doy 300 y se acabó ¿eh?! – Dijo Juan ya un poco enfadado y cansado de tanto regateo con un vendedor “tan pesado”. Se sacó tres billetes de cien de la cartera, se los puso en la mano al niño y cogió la piedra. ¿Listo eh?, insistió.

-Sí, sí, – dijo el niño mirando con cara de susto a Juan. Acto seguido observó los billetes, dio un salto y echó a correr raudo entre los desordenados puestos del mercadillo. En un segundo había desaparecido de la vista de todos.

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En este mercado se vende de todo

Juan emocionado cogió su piedra de cuarzo y nos la enseñó.

– “¡Mirad lo que he comprado por tres euros!, nos dijo. ¿Es chula eh?”

Pero de repente Juan de quedó callado…. eh, espera ¿he dicho tres euros…., no pero… ¿Cuánto son 300 dirhams? ¡Espera. No. Argggg… creo que me he liado!

Efectivamente, Juan había pagado por la piedra ¡casi 30 euros! O sea, diez veces más su “supuesto” precio de venta al publico. Entonces Juan entendió aquella cara de susto del niño cuando le decía “¡DOSCIENTOS CINCUENTA DIRHAMS! NO SEÑOR, NOOOOOO”. Y su huída rauda cuando tuvo los billetes en sus manos. Había vendido una piedra sin valor por ¡una verdadera fortuna.

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El burro es el medio de transporte que se utiliza en ciertas zonas del Atlas

Esta anécdota es real. Juan, si lees este blog ¡confírmalo por favor!. Pero es también un fallo bastante común. El regateo y las “peleas” entre ambas partes en las que se discute por cantidades que para nosotros, los occidentales son “insignificantes” provocan a veces este tipo de malos entendidos.

Pero como decía Juan después de comprobar su error.  No tiene importancia. “Al fin y al cabo lo único que he conseguido es alegrar la vida a una familia que con ese dinero extra, que para mi significa poca cosa, va a poder vivir un poco mejor unos cuantos días”.

Lo mejor es que a los diez minutos, aparecieron a nuestro alrededor un montón de vendedores, todos ellos equipados con hermosas piedras de cuarzo deseosas de repetir la operación comercial. Pero no, al resto del grupo ya nos había advertido nuestro guía: “Su precio normal son unos 30 dirhams (no más de 3 euros), y ojo con las piedras de colores. Están pintadas y son falsas. Sólo las grises son auténticas”.

Piedra de cuarzo gris

Ya picada con la piedra en cuestión decidí comprarme una (por la que pagué los correctos 30 dirhams) para llevársela a mis hijas como regalo curioso. Y aunque sabía que era “falsa” compré una rosa por ser esta la más llamativa. Mi objetivo era sorprender a tres niñas y lo logré.  Os puedo asegurar que ¡ALUCINARON! con la “piedra mágica”.

Tanto que siempre que vienen amigas suyas a casa me ruegan que ¡por favor! les enseñe la piedra rosa que traje de Marruecos. Para ellas, la piedra teñida de cuarzo es uno de los mayores tesoros que tenemos en la familia y les he oído contarles a sus amigas que es un tesoro muy valioso que me costó “muchos millones”. Realmente lo creen.

A veces, el valor de las cosas puede ser un concepto bastante relativo.

5 pensamientos en “La historia del regateo por la piedra mágica de Marrakech”

  1. Conozco a las mil maravillas Marrueco en semana santa vuelvo y parto desde Marrakech al Sur: Ouarzazate, Tamnougalt, Merzouga, Tinejdad, Ait Benhaddou…
    Maravilloso!!!

  2. A mi pasatria lo mismo que a Juan Antonio. Seguro que me armo un lío y acabo pagando mas de lo que cuesta un recuerdo. Coincido con que no me mola gusta nada regatear.

  3. Yo odio regatear. Siempre acabo con la sensación de que me han engañao y que he pagado el doble de lo que costaba la cosa. No me gusta nada. Incluso me estresa.

  4. Hola Nani. Efectivamente, esa anécdota me ocurrió en Marrakech.
    Veo que tienes buena memoria y la recuerdas con tremenda facilidad.
    Así es, confundi el cambio y lo que eran 3 euros – que ya era un precio superior a la media- se convirtieron en muchos más.
    Lo único es que no era tan niño.. pero bueno.
    Por cierto, después me lo encontré en el mercado y le saludé. Estaba pletórico. Nos dimos un buen apretón de manos.
    Saludos y enhorabuena por tu blog
    Juan Antonio Narro (Narrogeographic)

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