El arte de hacer una maleta al estilo de mi amiga Carla

Tengo una amiga que se va de viaje este viernes. No es una escapada de placer, se va a Madrid a operarse de un problema en la espalda.

No es algo agradable, pero a todos los efectos los trámites son parecidos a los de otra amiga que, casualmente, ese mismo día se marcha a Milán a pasar un fin de semana romántico (es decir, con su maridito y sin sus tres niños). Quizás ambas coincidan en el mismo vuelo, no lo sé, pero ese mismo día las dos van a subirse a un avión. Y las dos tienen que dejar una casa organizada para que el caos no asome durante su ausencia. Y tienen que ponerse entre hoy y mañana hacer maletas.

Sí, de eso es justo de lo que quiero hablarles, del proceso que supone hacer una maleta.

Hay quien empieza una semana antes a prepararla (conozco varios casos). Hay otros (y aquí me incluyo) que la hacemos apuradísimos, media hora antes de salir para el aeropuerto. Hay gente capaz de pensar bien y guardar en la maleta sólo lo indispensable. Y otros (otra vez yo) un poco absurdos amigos de llevarse MEDIA CASA encima.

Sí, lo confieso. Soy un desastre haciendo mis maletas.

Cuando viajo en grupo suelo ser, además, el hazmerreír de todos por el desmesurado volumen de mi equipaje. Y es que ¡NO SE CONTROLARME!. Y siempre me pasa lo mismo.

Llevo ropa de invierno por si hace frío, ropa de verano por si hace calor, chubasqueros y paraguas por si llueve, taconazos por si tengo alguna cena formal, ropa deportiva por si tengo tiempo para ir a correr o por si tengo tiempo de ir al gimnasio del hotel, pijamas, ropa interior suficiente para sobrevivir, limpita, dos meses. Un neceser enorme lleno de medicamentos, cosméticos… ¡las planchas del pelo GHD , fundamentales! (una es coqueta hasta en el fin del  mundo). Ahora ya llevo las lecturas en el Ipad pero aún así, algún libro cae. Pijamas, sobres de detergente por si tengo que lavar algo, cargadores de teléfonos, de cámaras, de la tableta, adaptadores de enchufes y cables miles, libretas…. Resumen, mi maleta es igual que un ARMARIO.

maleta armario

Lo mejor de todo es que luego no utilizo ni la mitad de lo que llevo. Al final, entre la pereza y la falta de tiempo me pongo casi todos los días la misma ropa. Y no me plancho el pelo ni una vez. Y lo que es peor, ¡siempre me olvido algo!. El cepillo del pelo y el de dientes son ya clásicas compras que tengo que hacer, obligadas, en todas las ciudades por las que paso. Tengo una colección en mi baño de peines digna de un museo.

maleta llena nevera carla

A todo esto hay que sumar la mochila con la cámara, el ordenador, el bolso con la documentación, el dinero, un neceser básico, cuatro periódicos y otros dos libros que llevo siempre como equipaje de mano. Parezco un perchero móvil.

A la ida todo encaja, más o menos. El problema gordo surge a la vuelta, cuando la ropa ya está sucia y arrugada. Cuando no hay tiempo para doblarlo todo con cuidado. Cuando a todo lo mencionado hay que sumar los folletos (si ven con cuantos papelazos y CDs traigo de mis viajes ¡alucinarían!, kilos extras de peso) y como no, las compras. Las dichosas compras: regalos para las niñas, para mi marido, caprichos personales, souvenirs absurdos: resumen, siempre vuelvo con exceso de equipaje.

Como mi “armario portátil” pesa mucho y me toca cargar con él (norma básica del viajero, cada uno debe cargar SOLO con su propia maleta) siempre juro que NUNCA MÁS. Que para la próxima voy a llevar un trolley de esos pequeñajos que no hace falta facturar, con lo mínimo indispensable para sobrevivir.

Pero no, nunca lo cumplo. Llevo ya años intentándolo pero nada, al final siempre caigo de nuevo en la tentación. Y maletón al canto.

Pero hace poco, en un viaje reciente conocí por fin a alguien que me supera. Se llama Carla y ¡viaja con una maleta apodada “la nevera”!, no sólo por sus dimensiones superlativas sino por su color, forma, textura y aspecto. Y lo mejor de todo es que Carla lleva ADEMÁS un trolley como equipaje de mano. ¡Grande mi amiga Carla, en todos los aspectos!

Ya ven, siempre existe el PEOR TODAVÍA. Y eso a mí, al menos, me consuela mucho.

¿Y tú, como es tu maleta?

6 pensamientos en “El arte de hacer una maleta al estilo de mi amiga Carla”

  1. Respecto a las maletas, yo trato de poner no mucho más de lo justo para la cantidad de días de vacaciones. Si es un destino en el que durante el día y la noche hace calor, mejor, menos equipaje. Si por las noches refresca y necesito abrigo… pues abrigo para usar por las noches…

    Siempre termino llevando más de lo que uso, pero trato de evitar llevar mucho de más.

    ¿Pueden responder ésta encuesta sobre la preparación de las maletas?
    En http://www.misrecomendaciones.com.ar/encuesta-del-momento/

    Gracias.

  2. yo compro maletas pequeñas para obligarme a guardar pocas cosas y no facturar, y al final acabo con cuatro bultos: maleta, bolso gigante, bolsa con el ordenador, y bolsa de mano con alguna otra tontería.
    Resumen, al final voy peor que si llevara una maleta grande y mas cargada que una mula. yo tampoco aprendo nunca la lección.

  3. Ummm, Ryanair me ha enseñado a elegir lo indispensable. Cada vez llevo menos cosas (aunque las pobres maletas sufran más, por todo lo que tiene que tragar). Saludos, es genial ver tu blog reactivado.

  4. Hola Nani, soy Cris, si, la que se opera mañana en Madrid. He de confersarte que me ha hecho muchísima ilusión que te acordaras de mi en tu blog, así como confieso también que todavía no tengo las maletas hechas!!!, es que no se que poner, la de mi marido es fácil, le llevo de todo y ya está, pero la mía… Que se supone que tienes que llevar cuando vas a estar tres días fuera de casa de los cuales dos estarás hopitalizada?. Pues eso, no quiero pecar ni de exagerada ni tampoco dejarme nada vital, de modo que aquí estoy, sentada, mirando mi vacía maleta y pensando que lo único que tengo claro es que cuando vuelva pienso hacerlo con algo nuevo dentro, una pegatina de SMEG, para que se la regales a Carla.

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