La vida en el kibbutz de Yotvata, en el desierto de Israel

Uno de los detalles que más me gustan de Israel es que esconde muchas historias humanas de las que dejan huella.

Os presento a Silvio, una de esas personas a quien me ha encantado conocer. Es argentino pero lleva ya en Israel más de 10 años.  Dejó su rutina en la plácida Buenos Aires para trasladarse a una comunidad situada en medio del desierto,  el Kibbutz Yotvata, con su mujer y sus tres hijos. Iba buscando otra forma de vida, y aquí la encontró.

Silvio es nuestro anfitrión en el kibbutz de Yotvata
Silvio es nuestro anfitrión en el kibbutz de Yotvata

Un kibbutz es una comunidad, típica en Israel, en donde la vida transcurre según unas normas por todos aceptadas basadas en la igualdad y la colaboración entre los miembros. Silvio es nuestro anfitrión en esta visita.

Un gran comunicador que no sólo nos cuenta con detalle cómo es la vida aquí sino que nos hace sentir como un miembro más de esta comunidad cuya actividad económica se apoya en el cultivo de cebollas y la actividad láctea. Los batidos que producen son consumidos en todo el país y por cierto, ¡están deliciosos!

Los batidos de Yotvata se consumen en todo el país
Los batidos de Yotvata se consumen en todo el país

Y las cebollas que salen de sus huertas se exportan a todo el mundo. A partir de ahora, voy a fijarme en el súper en la procedencia de las cebollas que se comercializan en España. Quizá alguna de las que llegan a mi ha pasado antes por las manos de Silvio. ¡Curioso! Especialmente si tenemos en cuenta que esta producción nace en medio del desierto más absoluto.

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Yotvata kibbutz de cebollas
Yotvata es un gran productor de cebollas

 

Se me había olvidado explicar que Yotvata se encuentra al sur de Israel, entre las saladas orillas del Mar Muerto y las cálidas aguas del Mar Rojo, en una zona conocida como el desierto de Arava. Es uno de los kibbutzs más grandes del sur de Israel (hay contabilizados en el país 270 kibbutzim). En Yotvata residen alrededor de 700 personas y presumen por tener la ordeñadora más grande del país ¡con capacidad para ordeñar 48 vacas a la vez! Esto se traduce en una producción millonaria que supera los 65 millones de litros de leche anuales.

En Yotvata tienen mas de mil vacas
En Yotvata tienen mas de mil vacas

Vale pero ¿qué tiene un kibbutz de interesante para un visitante? Muchas cosas. La simple contemplación del kibbutz. Su ubicación en medio de un secarral, los medios desarrollados para la subsistencia y aprovechamiento de recursos. La capacidad para almacenar agua, la distribución de las viviendas, la vida diaria, la actividad de los niños, el colegio (al que no sólo acuden los niños del kibbutz sino también alumnos que habitan en las aldeas de los alrededores)… Todo lo que nos rodea es interesante. Y ¡tan distinto a lo que estamos acostumbrados!

Clase de gimnasia rítmica en el colegio del kibbutz
Clase de gimnasia rítmica en el colegio del kibbutz

Pero quizá lo que más sorprende es la organización. “Todos rotamos en las tareas” explica Silvio. Está un poco cansado pues la noche anterior le tocó estar de guardia con las vacas. Tienen más de mil cabezas y su vigilancia es continuada. “Son muchas y siempre pasa algo: nacimientos, atender a las que tienen algún tratamiento, a las preñadas, tareas de limpieza…”

Zona ganadera de Yotvata
Zona ganadera de Yotvata

Mientras charlamos con Silvio, de repente escuchamos gritos. No, perdón, ¡son risas contagiosas!. Son los niños que se han entregado a la tarea más divertida de esta peculiar granja. ¡Saltar y tirarse entre las montañas de semillas algodón con las que se alimenta al ganado! Que fantástica experiencia.

kibbutz semillas saltos blog
Saltar entre semillas de algodón es un juego divertido

 

Silvio, además es el relaciones públicas y el encargado de atender a los visitantes que llegan hasta aquí, como nosotros, interesados en una forma de convivencia casi única en el mundo.

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Responde a todas nuestras preguntas y deshace tópicos. “No es cierto que al entrar en el kibutz tengamos que aportar todas nuestras propiedades. Ni tampoco que los niños duerman en casas diferentes a las de sus padres”. Antes sí era así, y quizá esas costumbres aún pervivan en otros kibbutzs, pero nosotros nos hemos adaptado a los tiempos en que vivimos. ¡Por supuesto que tenemos internet, y wifi!

En Yotvata es raro el día que no nace un ternero
En Yotvata es raro el día que no nace un ternero

Eso sí. Silvio insiste en que no se puede generalizar. Cada kibutz es un mundo y Yotvata en muchos casos una excepción.  Además de acoger una comunidad bastante grande, es también muy fuerte económicamente. Y no es muy religioso. Pero cada kibbutz es diferente y las normas de uno no tienen por que coincidir con las de los demás. Lo único que une a unos y a otros es ese espíritu de cooperación y colaboración, clave en la pervivencia en el tiempo de este tipo de organizaciones que surgieron como setas (y como experimentos)  en la primera mitad del siglo XIX.

Concretamente Yotvata se fundó en 1952 por iniciativa de un grupo de jóvenes deseosos de instalarse en el desierto. Un reto que ha sobrevivo hasta hoy.

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En Yotvata también son conscientes del interés que los kibbutzs despiertan entre los turistas. Y de ahí que tengan no sólo un programa de puertas abiertas para mostrar las instalaciones a quienes tengan curiosidad. Y sus formas de vida y trabajo.  También admiten “invitados” y colaboradores durante periodos más largos de tiempo. La condición: ser uno más en la comunidad.

Silvio ante los productos de la tienda del kibbutz
Silvio ante los productos de la tienda del kibbutz

Tienen una tienda con restaurante donde no sólo venden sus afamados productos lácteos en todas las versiones posibles sino también sirven comidas y ¡helados caseros!.  El establecimiento está siempre lleno pues el kibbutz es parada casi obligada para todos aquellos que viajen rumbo a Eilat, la localidad más al sur de Israel.

Y tienen en proyecto un pequeño centro de interpretación dedicado a la vida en el desierto y demás detalles de interés para los visitantes que pronto abrirá sus puertas. Seguro que Silvio nos mantiene informados de los avances en este tema.

La visita es didáctica y muy divertida. Hemos estado poco tiempo en Yotvata, pero lo suficiente para saber que nos hemos sentido como en casa. Y  felices por haber pertenecido, aunque sólo un poquito, a esta comunidad. Quizá pronto nos animemos a pasar más días en un kibbutz. Ganas no nos faltan.

Mientras nos decidimos, si pasas por allí alguna vez ¡por favor! No dejes de acercarte a Yotvata. Y si te encuentras con Silvio, dale recuerdos de parte de la viajera empedernida y compañía. 

6 pensamientos en “La vida en el kibbutz de Yotvata, en el desierto de Israel”

  1. Me encantaria poder comunicarme con el Sr. Silvio Kogan voy a estar solo unas horas en ese kibbutz para almorzar, como parte del itinerario de un plan de 10 días organizado por una agencia judia argentina y seria interesante poder charlar con el aunque sea un ratito.

  2. muchos saludos a SILVIO KOGAN .-
    no se si se acuerda de mi pero yo si de el , de la comunidad
    de cordoba capital .-
    saludos

  3. Gran entrada, gracias por ella! Que alegría me produce ver a los niños jugando tan felices en un proyecto tan inspirador y ejemplar de Israel. Y que tristeza por otra parte el contraste viendo el infierno que viven los niños de Gaza (este video de Bansky es una luz de esperanza ( https://www.youtube.com/watch?v=3e2dShY8o )

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