Las conclusiones de Fitur

Ya estoy en casa. Aunque Fitur sigue abierto (no cierra hasta el domingo) yo ya he acabado con la feria.  También podría decir que Fitur ha acabado conmigo por que de verdad, ayer cuando abandoné Ifema a eso de las 6:30 de la tarde para subirme a mi coche y conducir hasta A Coruña, estaba en coma. Para empezar me había quedado muda, sin exagerar, MUDA de verdad. Y quienes me conocen saben que eso para mi es lo peor que me puede pasar por que soy de las que hablan sin parar (eso sí, siempre cuento cosas súper interesantes, y se lo pueden confirmar también mis colegas, sobre todo aquellos a quienes pago para que hablen bien de mi, je, je, je).

También estaba agotada de cargar con folletos miles bajo el brazo. Aunque afortunadamente hoy en día a los periodistas nos dan casi toda la información en Cds y pens, es inevitable acabar con alguna guía y algún que otro dossier que sumado a otro y a otro se convierten en un mogollón de papeles que juntos pesan un montón.

Y los pies, hay los pies. Fatal. La moqueta mata. El calor asfixia. Y los tres días de feria, con cenas, fiestas y horas de trabajo nocturno para enviar información al periódico, acaban con uno.

Pero al final de todo compensa. Este año se ha hablado mucho de la crisis que afecta al sector y sí, es cierto que había menos gente que otros años. Y muchos menos expositores (aún no se saben las cifras oficiales de la feria respecto a visitantes y volumen de negocio). Y que hubo menos estres y más espacio para caminar. Y que escasearon las grandes fiestas con espectáculos fastuosos como los de otros años. Y que las reinas de las conversaciones entre la gente eran palabras terroríficas como “crisis”; “ere”; “paro”, “cierre”…

Pero también hubo cosas muy buenas. Este año se han visto menos oportunistas, es decir, menos “frikis” vendemotos, espécimen habitual en otras ediciones de Fitur y que año tras año crecía en progresión geométrica. Afortunadamente, este año muchos de ellos se han evaporado.

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También he visto menos excursionistas de esos que van a Fitur a la caza de regalos, de folletos y de famosos. (Aunque también he visto a gente correr histérica para agarrar un paraguas de los que regalaban en el stand de Turespaña sobre todo a uno que me llevó, literalmente, por delante). Y menos estrellas de la televisión que en anteriores ediciones, intuyo que será por que las empresas turísticas ya no tienen tanto presupuesto para subvencionar el famoseo.

Sin embargo, todos los importantes estaban, o mejor dicho, todos aquellos a quienes a mi me interesaba ver estaban allí. Algunos con stand, otros son él, pero los imprescindibles acudieron un año más a Fitur.

El reencuentro con muchos compañeros de profesión y viejas caras del sector fue muy agradable. Y enriquecedor.

Por tanto, aunque los titulares dicen que este fue el Fitur de la crisis, en mi caso he de reconocer que la sensación que me llevo de la feria es muy buena. Creo firmemente que las crisis hay que combatirlas con trabajo duro y con optimismo, y este año en Fitur he visto ambas cosas. Gente con muchas ganas de “currar” y que saben cuan importante es transmitir confianza.

Ah. Se me olvidaba. Para mi este será también siempre el Fitur de Letizia y Falete, mis dos ídolos. Y que viva la España cañí. Y olé.

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