Nueva polémica de Ryanair

En Ryanair han vuelto a armarla. Por segundo año consecutivo la lowcost irlandesa ha lanzado su “Calendario Sexy de Tripulación 2009”, en el que aparecen tres azafatas españolas. Han enviado varias copias a Facua, la asociación que el año anterior se opuso a esta iniciativa con la esperanza de que esta vez la polémica salte de nuevo.

Esta no es más que otra estrategia del dueño de la compañía, el ya famoso por excéntrico Michael O´Leary que ha demostrado una vez más que domina con maestría las estrategias de marketing radical. Y que sabe montárselo muy bien para lograr publicidad gratuita a base de escándalos.

Avión de Ryanair
Avión de Ryanair

 

Si hacemos memoria, encontraremos muchos ejemplos al respecto. Quizá el más llamativo fue cuando la compañía anunció hace unos meses que pensaba empezar a ofrecer un servicio nuevo en los futuros vuelos intercontinentales: sexo oral para que los pasajeros llegaran felices a sus destinos. ¿Y qué me dicen de aquella campaña donde se premiaba al peor insulto lanzado contra una compañía española?

Además, quienes hayan volado alguna vez en esta aerolínea habrán comprobado que todo en sus vuelos es un poco raro. Al aterrizar suenan aplausos por la megafonía del avión; durante le viaje se vende lotería y en las colas para embarcar es habitual encontrar a gente sacando ropa de las maletas para evitar el pago del carísimo sobrepeso.

Y que les voy a contar del propio O´Leary que se presenta en las ruedas de prensa vestido de torero, de vampiro… y que disfruta lanzando comentarios atrevidos y declarando guerras a sus colegas y competidores, acusando a las agencias Online de vender con recargo billetes de su aerolínea, o denunciando competencias abusivas por parte de otras compañías que osan rebajar los precios cuando la lowcost irlandesa anuncia nuevos vuelo

Booking.com

El caso es que su idea funciona, y aquí me ven, haciéndole publicidad gratuita a Ryanair en el día menos adecuado. Y lamentablemente tiene razón, el escándalo vende. Pero lo que más vende de todo son sus vuelos baratos, accesibles para mucha gente que antes no podría permitirse el lujo de viajar y ahora si puede.

Actualmente, las lowcost se comen casi un tercio del pastel del mapa aéreo europeo. Y en épocas de crisis, los que no queremos dejar de viajar se lo agradecemos. Aunque es cierto que si pudiéramos elegir, en igualdad de condiciones, es cierto que muchos nos decantaríamos por una aerolínea regular… porque así, el precio de los billetes baratos es más alto de lo que parece.

Sí, a veces al volar se paga esa tarifa tan polémica. Y más en estos días en los que todos estamos pendientes de lo que va a pasar con esos pasajeros que llevan días bloqueados en Roma. La compañía ya ha demostrado en varias ocasiones que los calendarios, los anuncios de sexo a bordo y demás artimañas no son más que cortinas de humo para evitar que se hable de sus verdaderos problemas como algún que otro aterrizaje forzoso muy poco publicitado, y una sútil aunque no reconocida amenaza de malos resultados consecuencia de la inevitable subida del petróleo.

Pase lo que pase, este no es un problema único de esta compañía. Cualquier piloto puede chocar con una manada de pájaros (accidente bastante más habitual de lo que se cree) como le ocurrió el pasado lunes al B737 de Ryanair en el aeropuerto de Ciampino. Y ninguna compañía está libre de las consecuencias de una huelga como la que se vivie en Alitalia. Pero es en estos casos extremos cuando el cliente puede y debe exigir una respuesta de parte de la aerolínea con la que vuela. Y es ahí donde los responsables tienen que dejarse la piel por sus clientes, a los que deben un servicio impecable independientemente de la tarifa de su billete.

No Ryanair. los pasajeros no queremos sexo oral ni calendarios de sexys azafatas. Queremos que la compañía cumpla su contrato y se haga cargo de los pasajeros desde el momento de la salida hasta el final, y que tenga capacidad para sortear turbulencias. Y en esa estrategia por ahora Ryanair ha demostrado ser una lowcost de las de verdad. O al menos eso se deduce de las quejas de los pasajeros que siguen en Roma muy enfadados con la compañía y con el consulado español, clientes de una aerolínea que están viviendo toda una desventura viajera.

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