Volando en avioneta en el Aeródromo de Cerval, en Portugal

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Lo habitual es relacionar viajes con destinos, es decir, con el lugar en cuestión donde pensamos pasar unos días o semanas….  Pero a veces el placer del viaje está en el medio que se utiliza para llegar a ese destino final. 

Me explico. Los aficionados a la náutica disfrutan tanto o más de la travesía a bordo del barco que del punto de atraque final. La prueba es que en muchos casos, los navegantes de embarcaciones de recreo gustan de anclar su barco en plena mar y comer allí tranquilos y solos, darse baños de sol y de mar sin mirones y luego, pasadas unas horas regresar a puerto despacio, disfrutando de la brisa. El barco también sirve para llegar a calas inaccesibles por tierra, a playas solitarias, a restaurantes perdidos y navegar y navegar cerca de la costa para disfrutar de las vistas del perfil de la costa desde la distancia. Pequeños placeres de la navegación. 

Los amantes de los coches, por su parte, también disfrutan conduciendo. Sobre todo quienes posean vehículos clásicos, o antiguos con los que circular despacio por carreteras secundarias, sin prisa, parando cada poco a comer, tomar un café, estirar las piernas y descansar un poco para volver al coche y seguir el viaje exprimiendo a tope el placer de conducir de verdad. Si el coche es descapotable, mejor que mejor.  

Y por último, hay quien disfruta volando. A la hora de lanzarse al cielo hay muchas opciones a parte de los grandes aviones comerciales, como por ejemplo, los ultraligeros: alas delta motorizadas, autogiros, avionetas para dos pasajeros…  

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Hace unos días, tuve la suerte de subirme a una de esas modernas avionetas para dos personas. El piloto era Sergio, el presidente del Aeródromo de  Cerval, en Vilanova de Cerveira, al norte de Portugal, a cinco minutos de la frontera con Galicia.

Yo estaba casualmente en el aeródromo para asistir al “bautismo de vuelo” de un amigo, armada con mi inseparable cámara fotográfica cuando Sergio me pidió si ¡por favor! podía hacerles unas fotos a dos pilotos que justo ese día iban a sacar dos avionetas, ¡hechas por ellos mismos!, a volar por primera vez. Eso sí, las fotos debían ser desde el aire, así que no me quedaba más remedio que volar con él.  

Y volé, claro… buena soy yo ¡que me apunto a un bombardeo!. 

Sergio pilotó la avioneta como un profesional. Y yo me dediqué a hacer fotos a los dos aviadores artistas, los protagonistas del día, y a disfrutar de unas vistas maravillosas sobre el río Miño. El día estaba despejado, la luz impresiónate y yo eufórica y ¡feliz!. El vuelo fue corto, no llegó a treinta minutos, pero si me hubieran dejado podría haberme pasado horas y horas disfrutando de la belleza de Galicia y Portugal vistas desde el aire. ¡Increíble!  

Así pues, la aviación es otro medio que sirve como excusa para hacer un viaje. Desde el aeródromo de Cerval a Madrid hay dos horas y media de vuelo. Y con una avioneta biplaza se puede atravesar Europa (haciendo paradas para repostar, por supuesto). Suena bien ¿no?. Eso sí, para pilotar una de estas avionetas es necesario tener el título de piloto de ultraligero. ¿Alguien se anima?

3 pensamientos en “Volando en avioneta en el Aeródromo de Cerval, en Portugal”

  1. ver galicia desde el cielo tiene que ser alucinante. Solo por eso creo que merece la pena volar en un ultraligero que van muy bajos. meha encantdo la foto. enhorabuena por el blog. saludos.

  2. Yo tengo el manual en casa.
    Si me toca la primitiva me voy a Moscú a volar en un Mig y ver la estratosfera. Y si me alcanza el premio, quisiera experimentar lo de la ingravidez.

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