Pueblos que visitar en la comarca de los Oscos en Asturias

¿Cómo era la vida en Asturias hace dos siglos? Para comprobarlo no hay que esperar a que nadie invente la máquina del tiempo. Basta con coger el coche y poner rumbo a la comarca de los Oscos, situada en el extremo de la montaña más occidental del Principado y colindante con la ya gallega provincia de Lugo. Un rincón del principado que ha sido galardonado con el premio al “Pueblo Ejemplar de Asturias” de 2016.

Paisaje típico en los Oscos
Paisaje típico en los Oscos

Formada por tres concejos o municipios – Villanueva de Oscos, Santa Eulalia de Oscos y San Martín de Oscos – la comarca que nos ocupa tiene un marcado sabor añejo. Todos ellos comparten ese ambiente rural tan añorado en estos tiempos modernos. Conservan una naturaleza prácticamente virgen, razón por la cual la zona forma parte de la  Reserva de la Biosfera de Oscos-Eo de la UNESCO desde 2007. Acogen una arquitectura típica que se ha conservado gracias al aislamiento natural y geográfico de la zona. Y un paisanaje único.

Hombres de rostros arrugados muy unidos al monte en el que viven, Testigos de cómo los pueblos y aldeas de los Oscos fueron quedando solos, sufriendo los inconvenientes de la modernidad y las consecuencias emigración. A cambio, almas solitarias se han instalado en esos pueblos abandonados de la zona, algunos recuperando viejas actividades artesanales y aportando a este Occidente  de Asturias ese aire bucólico y paradisíaco que lo define.

Panorámica del paisaje de los Oscos-Eo
Panorámica del paisaje de los Oscos-Eo

Son estos mismos hombres de rostros curtidos los que mejor relatan como era aquí la vida hace un par de siglos. Entre las empinadas laderas habitan auténticos catedráticos del pasado. Historias heredadas de padres a hijos que no se reflejan en los libros. Son estos hombres quienes gustosos compartirán unos “culines de sidra” y una ración de zorza (picadillo cerdo) con los escasos visitantes. Y quienes contarán, hablando en fala, un dialecto extraño en el que se entremezclaran expresiones en bable y en gallego, que los Oscos no fue siempre una comarca aislada y olvidada. Ni mucho menos.

Probablemente hablar de prosperidad sea exagerar, pero si es cierto decir que en Los Oscos hubo tiempos mejores. Prueba de ello son el monasterio y las iglesias que se conservan.

Los herreros de los Oscos

Habitada en sus buenos años por herreros, de estas tierras salíeron la mayor parte de cazos, sartenes, arados, navajas y cuchillos, palas, picos, herraduras… con las que cocinaron y trabajaron en el campo no sólo muchos asturianos y gallegos, la fama de estos herreros cruzó fronteras. 

Las entrañas de los Oscos eran ricas en hierro. Los afluentes de los ríos Eo y Navia que bañan su epidermis y la abundante madera de los bosques de donde se sacaba materia prima para alimentar las fraguas facilitaban el trabajo de estos herreros. El vecino puerto de Ribadeo facilitaba a la comercialización por mar de las obras de estos hábiles  artesanos del hierro, Y los lomos de las mulas ayudaban en el transporte con destino Castilla.

El clima de los Oscos también favoreció los asentamientos humanos. Y es que la comarca se localiza en un amplio valle. Rodeado de elevadas cimas que protegen la zona de las temperaturas extremas y de las lluvias abundantes.

Monasterio de Santa María en Villanueva de Oscos
Monasterio de Santa María en Villanueva de Oscos

El monasterio de Santa María

La prueba más evidente de este pasado próspero la encontramos en el Monasterio cisterciense de Santa María, en Villanueva de Oscos. Convento de piedras centenarias originario de los XII y XVIII y protegido como Monumento Histórico Artístico. Funcionó muchos años como importante estación jacobea pues la comarca fue durante siglos, paso obligado de los peregrinos que se dirigían a Santiago de Compostela por el Camino del Norte. 

Cuentan que los monjes del monasterio estuvieron siempre muy integrados con el pueblo, ejemplo de ello son algunas canciones que aún entonan los lugareños: “Convento de Vilanova, convento de moitos frailes, dicen as nenas de la vila: convento, nunca t’acabes” (convento de Villanueva, convento de muchos frailes, dicen las niñas de la villa: convento nunca te acabes).

Los teitos de Morlongo

Seguimos en Villanueva de Oscos donde hay que hacer una visita obligada a la parroquia de Morlongo. Para ello cogemos la carretera AS-3 desde Villanueva. Al llegar, sorprenden el castro, el molino y ante todo los originales hórreos de cubierta de paja, más conocidos como teitos. Claro ejemplo de la arquitectura rural y la forma de vida en la Asturias más septentrional. Quedan aquí también necrópolis tumulares, restos prehistóricos de época megalítica, localizados en la Sierra de Pumarín. 

Para los amantes de la soledad… la felicidad está asegurada si se visitan pueblos como San Cristóbal. O mejor aún: el éxtasis se apodera de uno al recorrer la sierra de la Bobia, a pie o preferiblemente a bordo de un 4 X 4. Ya de camino hacia el sur de la comarca se puede hacer parada en aldeas como San Mamed, donde habitan sólo un par de familias o en Martul, con más población pero no por ellos menos escondida. La tranquilidad de estos parajes incita a la conversación y a la hospitalidad. Un lujo.

Atardecer en La Bobía, en Santa Eulalia de Oscos
Atardecer en La Bobía, en Santa Eulalia de Oscos

Santa Eulalia de Oscos

Seguimos nuestra ruta por los Oscos. Entre carreteras llenas de curvas, bosques repoblados de pinos y restos de casas de pizarra con los techos hundidos y ventanas vacías. Llegamos así a Santa Eulalia de Oscos (Santalla, para los locales) ya fronteriza con Lugo. Aquí nos encontramos las raíces de la tradición herrera, representada en el llamado Mazo de Mazonovo, situado al pie de la carretera de Veiga a Fonsagrada.  Buena muestra de la industria del hierro de la comarca,  que funcionó hasta el siglo XIX, fecha en la que se desarrolló la industria siderúrgica en la comarca del Nalón, en el centro de Asturias y en el ya por aquel entonces próspero País Vasco. El mazo (herrería antigua) funciona actualmente como Elemento Etnográfico. También se observan restos de mazos en las proximidades del río Agûeira y de sus afluentes como el Caraduxe, el Pumares… todos ellos bien señalizados.

Conjunto Etnográfico de Mazonovo
Conjunto Etnográfico de Mazonovo

El concejo de Santa Eulalia de Oscos es también cuna del creador de la cerámica de Sargadelos. Don Antonio Raimundo Ibáñez, Marqués de Sargadelos y nacido en la aldea de Ferreirela en 1749. Merece la pena visitar la casa-museo del marqués, no sólo contemplar como vivía el marqués, sino también para ver como se elabora esta loza que con el paso del tiempo se ha convertido en un símbolo de la artesanía gallega. Aprovechando el paso por Ferreirela, pregunten a cualquier lugareño por las bodegas subterráneas. Es difícil llegar a ellas pero la excursión lo vale.

Ruta de artesanos en los Oscos

Hablando de excursiones… el concejo cuenta con varias rutas de senderismo debidamente señalizadas. La ruta de la  cascada de Seimeira, la ruta del Forcón de los ríos, con la naturaleza como protagonista. Villanueva es el municipio  con menos población pero con más espacio natural.

La comarca de los Oscos es un paraíso para el senderismo
La comarca de los Oscos es un paraíso para el senderismo

Los enemigos de las caminatas pueden hacer la llamada ruta de los artesanos la cual recorre varios pueblos con paradas señalizadas en lugares donde trabajan artesanos tradicionales: empieza en Santalla concretamente en el telar de Irene, telar antiguo donde aún se hacen chales y jerséis al modo antiguo, se sigue rumbo al Mazonovo, a Brañavella donde Antonio Magadán muestra cómo se hacen navajas…, en Barreiras se ven trabajos de cantería y tras parar en el museo de Sargadelos en Ferreirela se regresa a Santalla, Entre los pueblos abandonados de Santa Eulalia, merece la pena acercarse a Caraduxe donde viven algunos artesanos del cuero.

San Martín de Oscos

Seguimos nuestro viaje por el pasado rumbo al tercer concejo que forma la comarca: San Martín de Oscos. Más de la mitad de este municipio es terreno forestal, y aunque abundan las especies repobladas de pinos aún se pueden encontrar caducifolias como castaños, robles y abedules, la vegetación más identificativa de la comarca.

Aquí encontramos viviendas tradicionales típicas de dos pisos con cubiertas de pizarra a tres o cuatro aguas, molinos como el de Sotuelo y hórreos de dos alturas como el de San Pedro de Ahío. La planta baja se utilizaba para guardar los aperos de labranza y el ganado. La vivienda ocupa la segunda planta.

Pazo de Mon
Pazo de Mon

Pero si hay un monumento histórico que destaca en San Martín es el Pazo de Mon, situado en el pueblo del mismo nombre y ejemplo de que en esta zona no todo son construcciones rurales. El palacete construido sobre una roca y catalogado como uno de los más importantes ejemplos de arquitectura civil del estilo barroco astur-galaico. Sus dimensiones y la lucidez de su heráldica contrastan con el tamaño de la aldea donde se ubica. Pero lo mejor es que al contemplarlo se puede dejar volar a la imaginación. Y es que esta gran casa ha sido la protagonista de cuentos y leyendas populares con personajes de la mitología asturiana como protagonistas: acerca de princesas cautivas, xanas o hadas y serpientes o cuélebres carceleros.

Aldeas abandonadas

La capilla del Ecce Homo y la iglesia parroquial de San Martín pueden ser dos visitas artísticas previas a otro recorrido en busca de aldeas abandonadas rebosantes de encanto por su situación única a la vera de ríos y por sus arquitecturas enraizadas en el terreno: San Pedro de Agûeria, Piorno, Villarín de Trasmonte…

Aldeas donde sólo reside una persona, o ninguna… y donde la vida, las prisas, las nuevas tecnologías, las modas, la contaminación, el mundo entero adquiere un papel secundario. Ya lo dice el refrán: si todo tiempo pasado fue mejor. Los Oscos es un buen lugar para comprobar la vericidad de tamaña afirmación.

Dormir y comer en Los Oscos

Antes de irte, aprovecha para probar la gastronomía típica, una  mezcla entre la cocina asturiana y la gallega. Fuerte y recia con el cerdo como protagonista. El lacón con cachelos (patatas gallegas), el botelo (costillas adobadas de cerdo) y el caldo (verduras con fabes, morcilla y chorizo) son algunos de los platos más típicos. Los frisuelos o filloas (crepes dulces), el arroz con leche y el queso cremoso de los Oscos son postres a tener en cuenta. La sidra, siempre presente en un viaje por Asturias, es la mejor compañera en las comidas. No faltan restaurantes diseminados por toda la comarca.

Para dormir, sin problema, La comarca cuenta con una excelente infraestructura de turismo rural y casas de aldea tradicionales restauradas como hoteles.

(Imágenes propiedad de Turismo Asturias)

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