Reencuentro con Praga casi veinte años después

Ha sido un reencuentro. Volver a pasear ayer noche por la hermosa plaza de Staromestska, en la ciudad vieja, fue un placer. Y una sorpresa. Si. Lo importante sigue igual: la bellisima torre del ayuntamiento donde reina el maravilloso reloj astronómico. Y la encantadora iglesia de Nuestra Señora del Tyn, con esos capiteles góticos con agujas que parecen sacados de un cuento de hadas. La plaza es un lugar mágico.

Si. Como les contaba antes, los edificios siguen mas o menos igual. Lo que ha cambiado mucho es el envoltorio. Me explico.

Cuando visite Praga por primera vez en 1990 en la plaza de Staromestska era igual de bella pero fría. No había donde tomarse un café. Ni una sola tienda de souvenirs. Las calles estaban vacías. Bella ciudad, si, pero muy triste. Cuando regrese en 1992 (un ano antes de que la República Checa se independizarse de su vecina Eslovaquia) todo había cambiado mucho. Ya había restaurantes y el famoso puente de Carlos que lleva al castillo y al barrio Mala Strana, ya estaba lleno de turistas (muchos de ellos españoles).

Ayer la imagen cambio de nuevo. En Staromestska había un montón de terrazas donde tomar algo, cenar… La antes solitaria calle Celetna, donde hace 19 años yo misma escuchaba el eco de mis pasos, estaba llena de tiendas de souvenirs donde comprar el famoso cristal de bohemia. Y la antes desoladora calle Parizska, la arteria principal del barrio judío, es ahora la milla de oro de Praga donde se encuentran las tiendas de las grandes marcas: Hermes, Cartier, Gucci…

Si, tiendas, ya dije en el post de ayer que quiero, no perdón, NECESITO, comprarme ropa. Pero creo que los modelitos de Prada de la tienda de la calle Parizsca se me escapan de las manos. Es una pena porque creo que quedaría monisima viajando por el mundo con trapitos de esos en mi maleta, que por cierto, como se me ha roto en México, cambiaría encantada por un discreto baul de
Louis Vuitton.

¿Quien ha dicho que los viajeras empedernidas no podemos tener glamour?. Yo seria capaz de caminar con unos tacones de Blahnik hasta por las calles adoquinadas de Roma.

Bueno. Como ven estoy en plena euforia consumista. Sera que la crisis me hace sonar con la buena vida.
Ahoj. (Hasta luego en checo)

2 pensamientos en “Reencuentro con Praga casi veinte años después”

  1. Yo recuerdo cuando entré por vez primera en la iglesia de
    Nuestra Señora de Tyn. Era poco después del fin del comunismo
    y se abría la iglesia por vez primera. Su humedad, después de
    tantos años cerrada era algo impresionante.

  2. Praga es un destino que a mi personalmente me encanta , yo no vi las grandes tiendas aunque si tenían locales de subenirs a punta pala , donde encontrabas no sólo el cristal , si no todo tipo d articulos de la 2ª guerra mundial , también recuerdo lo muchísimo que me divertí en discotecas eso si con muy pocas medidas de seguridad en caso de incendio y un tanto cutres

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