Rosa y el fantasma del "niñito español"

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Hoy he conocido a Rosa. Una mujer muy especial. Trabaja hace siete años cuidando la derruida iglesia de Nuestra Señora del Rosario (la Marinera), situada en la localidad de San Blas (Nayarit, México). Cuentan que la iglesia se levantó en tiempos de Carlos III pero años después (las fechas son confusas) un rayo la calcinó y la destruyó.

Hoy, sólo quedan las ruinas de aquel templo. Y les aseguro que el lugar, aunque decadente, tiene una fuerza especial. A mi me encantó. Pero lo mejor de la historia es que Rosa asegura que de vez en cuando ella oye doblar las campanas, que suenan en el lugar exacto donde antaño se ubicaba el hoy inexistente campanario. Y a veces, Rosa también escucha la música de las flautas del coro… Me contó que la primera vez que sintió esos sonidos casi se desmaya. Pero ahora, años después, en cuanto oye el sonido de la primera campana se arrodilla, y reza hasta que suena la última.

Pero lo que de verdad me puso la carne de gallina fue cuando Rosa me apuntó que hace sólo unos días, unos turistas mexicanos se encontraron en la parte de atrás de la iglesia con un “niñito español, rubio y con un pantalón corto” me confesó muy seria. Curiosamente, cuando alguien sacó la cámara de fotos para inmortalizarle, “el niñito desapareció….”

Las ruinas de la iglesia esconden otras muchas curiosidades y leyendas, y Rosa se las conoce todas. Insiste en que el lugar tiene una energía especial y que quieren que les diga: yo la creo. ¿por qué no?. A mi, al menos, me gustan mucho estas historias de toque enigmático y sobrenatural, y México es un país un poco brujo. E insisto, eso me gusta. Rosa me regaló una pequeña concha que, recalca, es muy antigua y forma parte de la estructura de la iglesia. Pienso guardar ese obsequio como un trofeo.

Estas historias no me han dado miedo. Lo que si me ha acelerado el corazón ha sido la contemplación de los cocodrilos durante un paseo en barca por los manglares delParque Nacional de La Tovara , un paraíso para los observadores de aves pero donde reinan cientos de cocodrilos.

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El que mas me asustó fue uno pequeño, un bebé según Checho, el conductor de la barca. Checho se acercó mucho a él para que yo pudiera fotografiarle y de repente, el bicho, que estaba tomando el sol en la rama de un manglar rojo, dió un salto y se lanzó raudo al agua. Yo, ignorante de mi, pensé que iba a atacarme y di tal grito que creo espanté a todas las aves de los alrededores. ¡Qué susto dios mío!. Y ¡qué feos son los cocodrilos!. La gente que vive en esta zona de México, en San Blas, está acostumbrada a verlos. A veces, me cuentan, se tumban en la carretera atraídos por el calorcito del asfalto. Y en las casas cercanas al manglar, hay gente que ¡se ha encontrado cocodrilos en su cocina!.

Argggg. No quiero ni pensarlo. Prefiero mil veces encontrarme en la habitación al “niñito español” del que hablaba Rosa que a un cocodrilo… Afortunadamente, en el hotel en el que me encuentro (el Garza Canela de San Blas) creo que no hay problemas con los bichos, ni con los animales… bueno, miento. Creo que en la habitación que está encima de la mía, en el tejado, habita un pájaro carpintero que a veces le da por trabajar por la noche, pero nada más.

Más miedo me da el restaurante del hotel, El Delfín, donde trabaja Betty, una de las cinco  propietarias de este establecimiento (mejor dicho cuatro propietarias y un propietario, todos ellos hermanos) donde reina un encantador ambiente familiar que hacen que el viajero se sienta como en casa, atendido por cuatro madrazas.

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La Viajera Empedernida con las dueñas del hotel Garza Canela, Betty a la derecha

Betty, además de ser una de las dueñas es una cocinera excepcional (que estudió, entre otros maestros, con Juan mari Arzak) y que cocina DE MUERTE. Sus “platillos” (como dicen aquí) confirman un mito: en México se come muy bien y su gastronomía es muy rica. Así que ni cocodrilos, ni fantasmas. El verdadero peligro al que me enfrento es a engordar unos cuantos kilos por culpa de la buena mesa y del buen trato al que me están sometiendo esta familia en el Hotel Garza Canela. Un horror.

8 pensamientos en “Rosa y el fantasma del "niñito español"”

  1. Pingback: Los "animales" de la Costa del Sol
  2. SALUDOS AL HISTORICO PUERTO DE SAN BLAS Y A SUS AMABLES GENTES QUE TIENEN UN GRAN CORAZÓN QUE DIOS LOS SIGA COLMANDO DE BENDICIONES PARA QUE SIGAN CONSTRUYENDO SU FUTURO CON RESPONSABILIDAD

  3. La verdad es que yo creo bastante en estos temas parapsicológicos. Donde siempre ha habido mucha actividad dicen que queda una carga energética y puede ser que en concreta en esta iglesia haya habido historias dignas de ser conocidas. Sería bueno el poder hacer mediciones en la misma y comprobar que no es fruto de la imaginación de Rosa. ¿Estáis de acuerdo conmigo?

  4. He tenido la suerte de estar hace poco en San Blas y me encantó. Cuando viajo, soy de las que prefiere pasear por las calles y curiosear todo antes que meterme, por ejemplo, en un museo. Me gusta empaparme de la forma de vida de la gente. Pues esta sensación de “autenticidad”, como yo digo, es la que se disfruta en San Blas nada más bajar del autobús. A mí al menos me fascinaba cada detalle, desde el cartel publicitario en un bar, como anclado en el tiempo, a los dibujos de los niños colgados a la puerta del colegio o una conexión a Internet en el sitio menos imaginable… En fin, a mí al menos me gusta ver ese tipo de cosas, las que te revelan una forma de vida. Y lo haces con gran tranquilidad y seguridad. La gente es muy agradable y las puertas de las casas están abiertas, cosa que ya no se ve ni en el pueblo más recóndito de España.

    Por cierto, sabéis que el famoso “Muelle de San Blas” de la canción de Mañá se refiere a este San Blas??

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