Visitas imprescindibles en tu viaje al Algarve, Portugal

Si estás planeando un viaje por el Algarve portugués he aquí una lista con siete visitas imprescindibles que todo viajero debe tener en cuenta para exprimir a tope este destino.

Algarve pájaros roca
El Algarve es destino para observadores de aves

Algarve; destino para observadores de aves

1. Imprescindible contemplar uno de los más hermosos parajes naturales del Algarve: parque de la Ría Formosa, la más extensa zona lacustre de Portugal. Nace en Cacela Velha, una aldea encantadora ubicada en la cima de un peñasco. Abarca ¡ciento ochenta kilómetros cuadrados! Que se extienden a lo largo de los municipios de Tavira, Olhäo, Faro y parte de Loulé. Quienes mejor conocen los secretos de este entorno son las miles y miles de aves que pasan el invierno aquí, anidadas en estas rocas ocres y caprichosas, atentas a todo lo que ocurre a su alrededor pero seguras ocultas en las arcadas y cavernas esculpidas palmo a palmo por los agitados vientos atlánticos y adornadas por sedimientos milenarios.

Si te animas, ten en cuenta que la ría Formosa puede recorrerse en barco siguiendo los canales hasta las islas de Culatra, de Armona y de Farol, o incluso hasta la isla de Fuzeta  (salidas desde Faro y Olhao). O bien por carretera o a pie o siguiendo rutas señalizadas por la costa donde se marcan los puntos más adecuados para la contemplación de bandadas de gaviotas, corremolinos, chorlitejos y demás aves típicas de la zona. Muchas de estas sendas comienzan en la playa de Gigi, en Quinta do Lago, al occidente del parque. También puedes visitar el centro de interpretación en la Quinta do Marim, a un kilómetro de Olhäo.

Algarve puente
Puente romano de Tavira

Las iglesias de Tavira

2. Seguimos en el Sotavento, nombre con el que se conoce la mitad oriental de la región. Y hay otra parada obligada: Tavira, ejemplo del viejo Algarve costero, ajena a los excesos de construcción desenfrenada. Merece la pena contemplar, al menos, alguna de las ¡treinta y siete iglesias que hay en esta pequeña localidad! ¡una por calle!, presumen los lugareños. Partida en dos por el río Gilão que se puede cruzar a través de un bello puente romano de siete arcos, rebosa también de Tavira calles entrañables y empinadas que llevan al castillo.

Es también menester apuntar que es Tavira famosa por la calidad de las doradas, sargos y lubinas que sirven en los restaurantes locales. Con el estómago lleno, aprovecha para visitar la iglesia de Santa María do Castelo, donde descansan los siete caballeros que reconquistaron la ciudad del imperio musulmán; la de Misericordia, del siglo XVI, uno de los más hermosos ejemplos del Renacimiento del Algarve; o la de las Ondas, la preferida por los marinos. 

Pesca de sardina en el Algarve

3. Tiene Tavira una vecina de nombre Olhao, poblada por hombres de mar, dedicados en gran parte a la pesca de la sardina y que habitan en un laberinto de casas blancas con forma de cubo (de ahí su calificativo de ciudad “cubista”) con grandes azoteas desde donde se controlaba los movimientos de la marea. Y desde donde se contemplan arenales con enormes dunas. Seguro que te gusta. Y no dejes de visitar su mercado.

Algarve bici Olhao
Estampa del puerto de Olhao

Adoquines y naranjas en Silves

4. Dejamos la costa para sumergirnos en las carreteras que van al interior con rumbo Silves, capital musulmana del antes llamado Al Gharb (el occidente en árabe), que el cristianismo reconquistó 1189. Pueblecito de calles empedradas donde hay que caminar con la mirada puesta en los tejados inclinados y chimeneas con celosías con forma de minarete.

Famosa por la calidad de sus naranjas, esconde Silves un mercado encantador. Y un castillo con un yacimiento romano en su desde cuyas almenas es fácil imaginar guerras con saetas, catapultas y chorros de aceite hirviendo.

Silves, Algarve, Portugal
Callejuelas de Silves

Rodeado de almendros, Silves atesora una leyenda que narra los amores de la nórdica Romaiquia y el poeta y príncipe Al-Mutamid, hijo del califa de Sevilla. Cuenta la historia que la bella princesa se moría de añoranza por no ver la nieve. Decidido a curarla, el príncipe ordenó plantar en todas sus tierras almendros para que sus flores blancas se confundieran con copos. Al ver los campos teñidos de blanco intenso en primavera la princesa curó su melancolía. 

Relax termal en Monchique

5. Seguimos tierra adentro en busca del valle de la Sierra de Monchique, de exuberante vegetación. La primera parada puede hacerse en ese balneario, de donde brotan aguas suaves, puras y cristalinas que los romanos bautizaron como “sagradas”, por aliviar el reumatismo y las dolencias respiratorias.

Algarve Monchique
Balneario de Monchique

La carretera sigue hasta conquistar los 902 metros de altitud, accesibles gracias al mirador más alto del Algarve: el Pico da Fóia, con el mar en el horizonte. Más frondoso es el paísaje desde el mirador de la Picota (773 metros). Y si la caminata serrana agota, un bollo con chorizo es el mejor aperitivo local. Cocido en horno de leña, y delicioso con aguardiente de madroño.

Ah. Y como curiosidad, ya en el casco urbano de Monchique pueblo, al lado de las seductoras ruinas del Convento de Nuestra Señora del Destierro, rodeadas de árboles y donde reina, pegado a la fuente de los passarinhos, el mayor magnolio de Europa, catalogado como patrimonio natural.

Sagres, tierra de navegantes

6. Sagrés es uno de esos puntos sagrados repletos de magia y magnetismo referencia de navegantes de coraje como Cristóbal Colón o Vasco de Gama,  ambos destacados alumnos de la escuela marítima de la localidad, donde se inventó la carabela, se perfeccionó la nao y se crearon las más avanzadas cartas marinas. Cabe alabar la  fascinante rosa de los vientos, de más de cuarenta metros de diámetro, que reina esculpida en el desgastado enlosado de la fortaleza de Sagres, carcomido por el viento y el mar.

Cabo de San Vicente

7. Solo seis kilómetros separan Sagres del Cabo de San Vicente. En la punta del Cabo hay un faro, versión moderna del que en 1515 mandó erguir el obispo del Algarve para seguridad de los marineros. Desde ahí, el viajero soñador es capaz de intuir la fuerza de África. Y de América.

La sinfonía del viento resuena siempre como eco entre los acantilados y advierte que tanta belleza puede ser traicionera. Playas hermosas de la zona como la de Beliche y o la de la Mareta están dominadas por la furia de Eolo y la fuerza de Neptuno. Bello. Pero ojo, Peligroso para bañistas. Pero como decía el poeta portugués António Botto. “No solo de palabras vive el hombre”, así que mejor verlo para creerlo.

5 pensamientos en “Visitas imprescindibles en tu viaje al Algarve, Portugal”

  1. El punete de Tavira no es de orígen Románico, sino Romano. Puede que parezca poco…pero casi un millar de años de diferencia.
    Un Saludo

  2. Me viene genial! Este verano hemos reservado en el Algarve. Seguiremos tus consejos!

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