Marchando una de mate, ¡con psicoanálisis incluido!
Escrito por: laviajeraempedernida | 3 de marzo de 2011
Creo que ya poco a poco ya he ido tocando casi todos los tópicos que definen a Argentina como destino, pero creo que el cuadro con el que abro este post define perfectamente la esencia de este país tan rico en matices y costumbres y cuya personalidad ha cruzado fronteras.
¿Cómo definirías Argentina? Como se ve en el cuadro que abre el post, si atendemos a sus personajes mas famosos tendríamos que hablar como no, de Evita Perón, de Mafalda, del Che Guevara (argentino de origen) o de actores como de Federico Luppi (“Un lugar en el mundo”), de Ricardo Darín (“Nueve reinas”…), de Maradona, Messi…
Si atendemos a su cultura deberíamos hablar del tango, del lunfardo.
Si nos centramos en su gastronomía deberíamos hablar de carne, de asado, dulce de leche, de ¡alfajores!, de pizza, de vinos (de eso he aprendido un poco).
Si repasamos su historia aparecen los populismos, las dictaduras, los desaparecidos y las madres de la plaza de Mayo, la Guerra de las Malvinas contra Inglaterra, las crisis continuas, el corralito (palabra tabú), la eterna y siempre disparada inflación. Y si nos fijamos en el carácter de los argentinos entonces tocaría mencionar esa labia única, esa capacidad para convencer, para psicoanalizar…
Si hablamos de moda… el cuero, las prendas de Lamartina inspiradas en el juego del polo. Y seguimos con el deporte: Argentina es fútbol, es la guerra entre el Boca y el River Plate.
Y todo esto junto se puede resumir en una sola frase: el mate: infusión mágica declarada bebida nacional que todo argentino que se precie consume como agua. Y alrededor del cual gira toda una cultura, un ritual único del que por supuesto he querido participar.
Para empezar, el mate mejor tomarlo en buena compañía y en mi caso, mejor aún con un buen grupo de chicas con las que hablar y cotillear mientras bebemos: o sea, con las que vivir la experiencia del también muy argentino psicoanálisis.
Una vez ubicadas empieza la función: primero se echa el mate (que es una hierba que por cierto, presume por tener grandes poderes antioxidantes, ¿será por eso que las argentinas se conservan tan bien?) en la “calabaza” (así se lama el recipiente donde se prepara la infusión). Se sacude poniendo la mano sobre la calabaza para que la hierba se suelte y se recoloque. Y se vierte el agua, primero un poquito fría para que se hidrate y luego el resto ya caliente (a 80 grados) deslizándola a través de la bombilla (esa especie de pajita de acero, alpaca o plata por la que se bebe). Pero ¡cuidado!. El agua no debe cubrir toda la hierba, la de la superficie debe permanecer seca.
Suena complicado pero los argentinos lo hacen de forma rutinaria y mientras “ceban” su mate hablan y hablan y hablan (¿alguien conoce a algún argentino callado o tímido?).
Con el mate ya listo la calabaza pasa de mano a mano. Primero bebe el que ceba y luego circula. Pero cuidado, hay normas: no se revuelve nunca, la bombilla NO SE TOCA. Y cada miembro del grupo debe apurar el mate del recipiente hasta acabarlo. Luego se echa más agua para que beba el segundo y así hasta que todos han tomado su “ración” de mate. ¡Todo esto sin parar de hablar!
Hasta aquí todo bien pero me queda por comentar lo más importante: ¡quema! Y ¡sabe a rayos!. Esa fue al menos mi primera reacción tras dar el primer sorbo. Pero es normal. Todas mis compañeras de “mate” se rieron a carcajadas ante mi cara de asco. “Al principio a nadie le gusta, es demasiado amargo, pero al final te enganchas” me repitieron una y otra vez.
Se puede probar a echar azúcar o edulcorante naturales como cáscaras de naranja o limón, pero lo normal es tomarlo “a pelo”. Se recibe siempre que te lo pasan con una sonrisa y ¡cuidado! No des las “gracias”. Esa palabra en este ritual significa que no quieres más.
En fin, todo un mundo este del mate. Y sin duda, una adicción para los argentinos hasta el punto que hasta en las gasolineras venden agua para llenar los termos para hacer la infusión. Y hay empresas donde está prohibido el consumo de mate por su gran componente social (trabajar y beber mate en compañía son tareas incompatibles según algunos empresarios)
Pero no valen las prohibiciones. Los argentinos llevan el mate en la sangre. Yo tengo un par de amigas argentinas que aunque llevan viviendo ya muchos años en España cada día se toman su mate como un buen inglés se tomaría el te de las cinco.
En fin, yo por ahora no me he enganchado (como no soy argentina no tengo ese gen desarrollado), me quedo con el dulce de leche que de amargo no tiene nada… y con una buena caja de alfajores. Eso si que me engancha (una pista por si alguien quiere hacerme un regalo algún día).
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Categoría Argentina
Etiquetas: , Gastronomia del mundo, Viajar a Argentina
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