Terapia viajera para superar malas experiencias

Hay un dicho popular que dice, “año nueva, vida nueva”. Y es verdad, con el comienzo de un año a todos se nos llena la cabeza de propuestas que aseguramos vamos a cumplir: voy a empezar a hacer deporte; voy a dejar de fumar, voy a ponerme a régimen, voy a tener un hijo ¡voy a ordenar mi vida! (esto último es lo que me he propuesto a mi misma)…  El cambio de número en la cabecera de un calendario supone pues, para muchos, una especie de borrón y cuenta nueva.

Los viajes también sirven para marcar fronteras en nuestras vidas. Muchas veces, deseamos hacer una escapada precisamente para poner punto y final a alguna situación incómoda. O sea, viajar como sinónimo de huida. O de necesidad de cambio.

Por ejemplo, tras una experiencia personal de las que dejan huella… ¿No han oído muchas veces a personas enfermas asegurar que si se curan lo primero que van a hacer es un gran viaje? ¿O a gente sumergida en proyectos difíciles, laborales o personales, que cuando los terminan marcan la distancia haciendo un viaje lo más lejano posible?. ¿O padres de niños pequeños que deciden huir unos días de los enanos para respirar y recuperar, al menos durante unos días, su vida personal y de pareja?

También se de gente que tras pasar por experiencias traumáticas tales como divorcios, muertes cercanas… deciden cambiar de aires una temporada para pensar. Y ver su vida desde la distancia.

Por ejemplo, tengo una amiga que tras separarse de su marido decidió desconectar del mundo yéndose un mes con unos amigos a La India. Me ha contado que el viaje, aunque duro en muchos momentos, fue una terapia magnífica. Y tengo otra conocida que se fue a hacer un crucero por el Nilo para asumir desde la distancia la muerte de su marido. La curiosa visión que tenían los antiguos egipcios de la muerte la ayudo mucho a entender su nueva vida de otra manera.

Bueno, ya está bien. Creo que se me han ido las palabras hacia otros derroteros. No era ni mucho menos mi intención hablarles de cosas tristes sino todo lo contrario. Empecé a escribir con la idea de animarles a que viajar mucho sea uno de los objetivos a cumplir en este año que acaba de empezar.

Me da igual la razón que les lleve a hacer ese viaje: un amor, una evasión, un descanso, una necesidad, la búsqueda de una inspiración, de nuevas experiencias, estudios, trabajo… de lo que estoy segura es que detrás de cada escapada, siempre hay una razón.

Y también creo que viajar es una terapia magnífica que ayuda a curar muchas enfermedades del espíritu. Si alguno de mis lectores padece alguno de estos males tan modernos y dañinos, no olvide que cuanto más fuerte sea el cambio cultural más eficaz resulta el tratamiento.

Palabra de una especialista en el tema.

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2 pensamientos sobre “Terapia viajera para superar malas experiencias”

  1. Estoy totalmente de acuerdo con tus reflexiones sobre lo beneficioso de emprender un viaje. Para mí, viajar, es ilusionarse (no sólo cuando estás en el país, sino desde el momento que comienzas a ojear las páginas de una guía), es empatizar con otras personas y otras culturas, es conocer formas de vida fascinantes pese a ser radicalmente opuestas a la tuya y es encontrarse a uno mismo gracias a compartir experiencias a miles de kilómetros de casa y de los tuyos. Cuando estás lejos, tus problemas se minimizan porque dejas de ser el ombligo del mundo. La seguridad que te aporta tu vida diaria desaparece por completo al estar en otro país y centras tus cinco sentidos en sobrevivir, bien sea intentando comprender una lengua que no es la tuya, traducir a euros una moneda ajena, conseguir hotel para pasar la noche o descifrar la carta de un restaurante. Para mí resulta terapéutico, divertido, sano y estimulante y animo a todo el mundo a que haga las maletas y elija destino. Te puede curar de un divorcio, de una pérdida o de tí mismo. Y además, se hacen muchos amigos. De los buenos.

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