Barco fantasma en el Cabo de Buena Esperanza, Sudáfrica

En estas fechas es habitual ver en los informativos imágenes de olas de nueve y diez metros, temporales superlativos que arrasan con todo lo que encuentran a su paso. Cuando escucho esas noticias siempre pienso en la dura vida de los navegantes de antaño. Y me viene a la cabeza una historia que aconteció en el Cabo de Buena Esperanza, en Sudáfrica. Un lugar mítico que todo viajero debe visitar al menos una vez en la vida. 

Aunque la leyenda que quiero contaros tiene el mar como protagonista, yo llegué a Buena Esperanza por carretera desde Ciudad del Cabo. Una ruta que atraviesa parajes salvajes y playas interminables… y acaba en el punto más al sur del continente, donde siempre sopla el viento.

Paisajes en la ruta hacia el Cabo de Buena esperanza

Si estas escarpadas rocas hablaran contarían a los miles de turistas que hoy pasan por aquí historias de veleros, goletas y bergantines que se transformaban en simples juguetes en manos de las olas. Les contarían cómo hombres de la talla de Vasco Nuñez de Balboa, Fernando de Magallanes o (Sir) Francis Drake temblaban en sus aguas como asustadizos chiquillos. Prueba es que antaño, los navegantes que lograban sobrevivir a los Cabos de Buena Esperanza y al de Hornos se ponían un pendiente en la oreja, como símbolo de la hazaña lograda.

Pero no todos salían victoriosos. No hay que olvidar que hasta el descubridor de este punto de la tierra, el portugués Bartolomeu Dias (1430-1500), y el que bautizó este rincón con el nombre originario de Cabo de las Tormentas -y que más tarde el rey Juan II de Portugal cambió por el de cabo da Bõa Esperança, (cabo de Buena Esperanza)- pereció en este mismo lugar un día de temporal.

Han pasado muchos los siglos y los temporales allí son igual de fieros que antaño. Y los barcos modernos que cruzan el cabo se arriesgan a encontrarse con el mismo infierno de antes. El escenario no ha cambiado. Pero por suerte, los protagonistas del drama, no nos engañemos, se enfrentan a la naturaleza en unas condiciones mucho más ventajosas que los viejos navegantes.

Los barcos son ahora más sólidos, más veloces, más manejables. Y están equipados con la más avanzada instrumentación: radar, ecosonda, radio, GPS…  Todos menos uno.  Y aquí va mi leyenda.

Se cuenta que hoy día todavía navega por estas costas el The Flying Dutchman (traducido como el Holandés Volador’ o ‘Holandés errante´).  Un barco misterioso que según cuentan los lugareños y los navegantes, está tripulado por fantasmas condenados a permanecer atrapados en las corrientes del cabo durante la eternidad, incapaces de cruzar al otro lado del continente, aunque el mar este en calma. Son muchos los marinos que cuentan haberse cruzado con ese terrorífico galeón, y otros han perecido ante tal terrible imagen.

Imagen del fantasmal Flying Dutchman
Imagen del fantasmal Flying Dutchman

Yo no tuve la suerte (buena o mala, eso ya no lo se) de ver al Holandés Volador, pero si que me hice la foto típica ante el letrero del “cabo de Buena Esperanza”, y me compré una especie de diploma que acredita mi estancia en este lugar mítico pero que ¡ojo!, no es el punto mas austral de África como muchos piensan equivocadamente. 

Ese título lo ostenta la vecina Punta Agulhas, otro cabo situado a unos 170 kilómetros de Ciudad del Cabo, al final de la Garden Route, y que es el punto exacto donde se juntan el Índico y el Atlántico.

Pero la historia del Cabo Agulhas merece otro post… un día de estos.

Un pensamiento en “Barco fantasma en el Cabo de Buena Esperanza, Sudáfrica”

  1. Me ha gustado mucho la historia de FANTASMAS.
    ¿Ha ti te asustan los FANTASMAS ?
    Ademas a mi no me dan miedo los FANTASMAS.

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