Un paseo con niños en Birmania

Últimamente me ha tocado una temporada con mucho trabajo de oficina y por tanto, poco viajera lo cual tiene su lado bueno pues me ha permitido disfrutar un poco de mi familia.

He aprovechado esos días “sedentarios” para hacer algunas de esas cosas para las que nunca tengo tiempo. Por ejemplo, disfrutar un poco de mis hijas y de los pequeños placeres cotidianos. Viajar tiene también su lado negativo y he de reconocer que ya casi me había olvidado lo bien que sienta de vez en cuando una tarde tranquila con buenos amigos y familia. Así, aprovechando además que estos dñias hace muy bien tiempo, nos fuimos de excursión en pandilla.

Pero tranquilos, no quiero agobiaros con mis hazañas familiares. Este preámbulo tiene una razón. Durante la excursión, en la que iban acoplados un montón de  niños, intenté hacer una foto de todos los pequeñajos y he de reconocer que la tarea fue casi casi imposible.

Lograr que unos doce niños con edades comprendidas entre los 4 y los 13 años mirasen a la vez a la cámara fue tarea difícil. Hice varios cuantos intentos y nada. Cuando uno miraba para delante el otro se tapaba la cara, o echaba a correr o se peleaba con el de al lado, o lloraba  por que alguien le había puesto un brazo delante…. No conseguí una foto decente del grupo.

Entonces mi cabeza viajó en el tiempo y recordé una tarde paseando por una aldea en Birmania (Myanmar), cerca de Mandalay. Recuerdo que caminábamos tranquilos por una callejuela cuando de pronto asomaron tras una casa un montón de niños todos vestidos con ropas de mil colores. Como fotógrafa, la estampa me conquistó rapidamente y rauda me acerqué a ellos y como pude trate de pedirles con gestos varios (mis conocimientos del birmano son muy limitados) que ¡POR FAVOR! posaran para mi un instante.

Los niños, que también tendrían entre 3 y 12 años, como los de la excursión de ayer, me miraron atentos y de repente como por arte de magia se colocaron en hilera al lado de un anciano que intuyo debía ser el dueño de aquella casa. Uno al lado del otro, justo como yo me lo había imaginado. Y se quedaron parados con los ojos fijos en mi y en mi cámara.

Yo, alucinada preparé mi objetivo y me puse a disparar fotos y fotos y fotos… pero con una sola hubiese bastado. Hice muchas pero todas salieron igualitas. Ellos no se movieron ni un milímetro. Ni me quitaron los ojos de encima. Ni uno sólo se puso a llorar, ni se peleó con el de al lado. Ninguno se tapó la cara . Ni uno se puso a hacer el tonto al sentirse tan observado.

Cuando acabé y les di las gracias como pude, cruzando las manos a modo de rezo e inclinando la cabeza. Todos me sonrieron y poco  a poco volvieron a sus quehaceres. Unos se pusieron a jugar, otros caminaron intuyo que a sus sus casas, otros se quedaron en el sitio charlando entre ellos. Ni intentaron venderme nada. Solo los más pequeños me miraban, con una sonrisa pícara y curiosa en la cara.

¡Que tranquilidad! 

4 pensamientos en “Un paseo con niños en Birmania”

  1. Éstas fotos son las mejores, en las que se ven las culturas que hay en el mundo, ropas diferentes, rasgos etc… Me encanta!!!

  2. Me encanta que cuando escribes sobre algún viaje aportes alguna fotografía, aunque me imagino que no siempre es fácil encontrar la foto adecuada, pero así me resulta más ilustrativa la narración. Gracias!

  3. El problema no es hacer fotos a los niños. El problema es a donde viajar con ellos. Estaria bien que hablases mas de sitios a los que se puede viajar en familia en Espña y en Europa pues no hay mucha informacion sobre esos viajes y a mi como madre y viajera me interesa mucho saber adonde ir.
    Gracias

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