El olvidado cencerro de elefante comprado de Birmania

Seguro que en los próximos días aprovechas para hacer limpieza de armarios. Yo lo hice y esto fue lo que me ocurrió. Esta mañana, matando el tiempo vaciando un armario me encontré una bolsa con unos símbolos extraños. La abrí y ¡sorpresa! En su interior había dos «longhis», una especie de falda que los hombres de Birmania (Myanmar) utilizan como vestimenta. ¡Dios mío! ¿Cuánto tiempo llevarían guardadas en ese rincón esas prendas? Dedico esta entrada a todas esas cosas absurdas que compramos cuando estamos de viaje.

Un birmano con su "longhi" en en Lago Inle, al norte de Birmania
Un birmano con su «longhi» en en Lago Inle, al norte de Birmania

Pues sí, la limpieza de armarios es una de las tareas típicas que muchos vamos a afrontar durante la cuarentena.

Como comentaba en la entrada, yo me encontré oculta en una estantería una bolsa en cuyo interior había dos longhis. Y de pronto mi imaginación empezó a volar.

Recordé entonces aquel día cuando los compramos, en un mercadillo en Mandalay. Y también me vino a la cabeza el día en que nos los pusimos para mimetizarnos con el ambiente de aquel maravilloso país.

la foto
Nani Arenas en Birmania ataviada con un «longhi»

Recuerdos exóticos

Recuerdo perfectamente que durante aquel viaje, uno de los primeros que hice como periodista especializada en turismo, compramos muchas más cosas en apariencia exóticas. Por ejemplo, ¡un cencerro de elefante!; una especie de navaja especial para podar ramas de bambú, un cuenco como el que utilizan los monjes para pedir comida y hasta una túnica granate, la que usan los monjes budistas en Birmania (país hoy llamado Myanmar).

Mi cencerro de elefante birmano
Mi cencerro de elefante birmano

Regresamos a España. Y sí, durante los primeros días mostramos a todos nuestro amigos aquellos exóticos trofeos. Pero una vez pasada la resaca del viaje, todo cambio.

El cuenco acabó de adorno en un mueble del salón y creo que con el tiempo se convirtió en un macetero muy poco practico pues se pudrió a los pocos días. Claro, era un utensilio para comer, no estaba pensado para resistir la humedad de una planta. La túnica fue útil como disfraz en alguna fiesta de carnaval… y la verdad es que de los longhis ni me había vuelto a acordar.

Hasta ahora que los he visto de nuevo perdidos en una estantería olvidada en un armario que hacía mucho que no ordenaba. Su aparición me ha traído gratos recuerdos, sí. Pero mientras los miraba empecé a pensar qué habría sido del cencerro de elefante y dónde estaría la navaja cortar-bambú. Tras mucho buscar y rebuscar por toda la casa los encontré, sí, medio rotos y olvidados en una bolsa en el garaje.

Ahora los he recolocado en mi despacho junto a otros «trofeos» viajeros. Se han convertido en meros objetos decorativos, totalmente desposeídos de su función original. 

"Navaja" birmana para cortar bambú
«navaja» birmana para cortar bambú

La máscara antigas

Estos extraños objetos son sólo un ejemplo de una larga lista de viajes y de compras exóticas. De otras expediciones me he traído cosas tan curiosas como un vestido de novia de Namibia, un teléfono de la II Guerra Mundial adquirido en un mercadillo de segunda mano en Sudáfrica o una jirafa de madera por la que tuvimos que pagar un importe extra para facturarla.

También tengo una máscara antigás de Israel (lo cual en estos momentos es más surrealista aún) una brújula antigua y un sombrero tradicional chino que me traje de Hong Kong. ¡Un totem auténtico adquirido en Canadá! Un abrigo militar de la RDA que conseguí en Berlín. Un boomerang de Australia… Y muchas cosas más.

Recuerdos de viajes en una estantería en mi despacho
Recuerdos de viajes en una estantería en mi despacho

Al final, después de mucho recordar la sensación al final del día fue más bien de pena. ¡Qué poco pegaban todos esos objetos extraños en mi casa! Qué fuera de contexto se ven muchos de esos exóticos souvenirs que compramos cuando vamos de viaje  al reubicarlos en nuestro entorno habitual. Y cuyo destino es casi siempre el mismo, acabar olvidados en la esquina de un armario.

Sin embargo reencontrarme con ellos me ha ayudado a recordar viajes maravillosos y experiencias que tenía olvidadas (o archivadas) en mi memoria. Ahora mi despacho parece más bien un museo etnográfico del mundo. Cuando pase todo esto del coronavirus voy a organizarlos todos para recibir visitas. 🙂

Mirar todos estos objetos es buena excusa para viajar con la imaginación de vez en cuando.

¿Cuál es el recuerdo mas absurdo que has traído de un viaje?

7 comentarios sobre “El olvidado cencerro de elefante comprado de Birmania”

  1. La verdad es que si me hubiera traído un cencerro de elefante de Birmania a mi pareja le hubiera dado algo!!! Siempre vuelvo cargada con cositas de los países que visitamos y él no compra nada!!!

  2. Yo perdí mi longhi en una mudanza estoy seguro! La verdad es que aveces nos traemos cosas del viejae que acaban olvidadas en alguna estantería perdida o en el fondo del garaje, pero cuando vuelves a ella te recuerdan inevitablemente el paisaje.

  3. Jajajajajaja, un cencerro de elefante! Me ha encantado el post.

    Yo también me traje un longyi de Birmania, que al menos uso de pareo cuando voy a la playa, o en verano para andar por casa.

    De todos los souvenirs que he comprado recuerdo dos de lo más «inútiles».

    El primero, de Birmania también, una sombrilla de más de medio metro de alta. De papel pintado y bambú. Cerrada no dice nada, y abierta no hay lugar donde colocarla.

    El segundo, una maraca (y solo una) de Méjico. No sé para qué…

  4. Me parto de la risa!!!! La verdad es que viajo con poco y vengo casi igual… aunque ultimamante traigo más cosas para mis peques… Quizás lo más friki es un coco musical que compré en Borneo. Pero mis peques lo tocan y todo…. Un abrazo

  5. Lo más triste, es que que si calculamos el tiempo que empleamos en regatear en cada viaje, se nos va mucho más del que pensamos. Para que luego acabe en el garaje.

  6. No estoy deacuerdo con esa sensación de pena , si de nostalgia por no poder estar allí de nuevo para ver como han cambiado las cosas , y si siguen siendo las cosas genuinas que trajimos.
    En mi caso los recuerdos de los viajes no son tantos(ojalá) pero si estoy segura que siempre sobrevive alguno para poder volver aunque sea con la imaginación

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