Golf en Lanzarote: para principiantes y para veteranos

Detrás de un viaje se esconden muchos motivos. Entre los miles ¡millones! posibles hay uno que es viajar para jugar al golf. Aquellos lectores de La Viajera Empedernida que sean aficionados a este deporte (que algunos califican como juego) sabrán bien que hay mucha gente en el mundo que elige sus vacaciones en función de los campos de golf que haya por la zona.

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Y hay muchos destinos que sabedores de lo que mueve esta afición (que en algunos casi es casi un vicio pues el golf es un deporte que crea adicción) se han especializado para ofrecer a los “golfistas” todo lo que necesitan: hoteles con campos de 28 hoyos diseñados por expertos, cómodas infraestructuras, acuerdos entre hoteles y campos para crear paquetes con el green fee incluido… y hay zonas que incluso han apostado por vender su imagen con el golf como referencia. Por ejemplo la Costa del Sol, también llamada la Costa del Golf, con más de 70 campos en su haber. O el Algarve portugués con más de 30 campos repartidos a lo largo de sus no más de 150 kilómetros de costa.

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Y luego hay otros destinos que no han querido hacer un desarrollo tan superlativo pero que si han apostado por ofrecer al menos alguna opción de golf para entrar, de una forma discreta, en el mapa de destinos para golfistas. Es el caso de Lanzarote, isla donde actualmente funcionan dos campos de golf: el ya consolidado campo Costa Teguise (con más de 30 años de historia) situado en la falda de un volcán y por tanto muy original pues no son muchos los campos del golf cuyos hoyos discurren entre campos de lava negra. Y el joven campo

es.html" target="_blank">Lanzarote golf,con solo cinco años de edad. Un campo de 18 hoyos, situado entre Puerto del Carmen y Tías donde se puede jugar mientras se contempla el mar y cuya seña de identidad son esas calles anchas, ideales para jugadores de nivel medio o bajo.

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Al contemplar estos campos (y en general cualquier campo de golf) es fácil comprender porque este juego engancha a quienes lo practican. Realmente, los campos de golf suelen ser lugares bellos, diseñados para el disfrute de la vista. A mi, por mi trabajo, siempre me toca visitar alguno y he de reconocer que he visto algunos increíbles, pequeños paraísos donde apetece armarse con un juego de palos y lanzarse a echar bolas al aire aunque sólo sea por el placer de observar el horizonte mientras la bola vuela rumbo al siempre impecable green.  Y si el golpe sale bien y el swing sale “bonito” entonces, seguro, el bicho del golf calará hondo en las entrañas y ojo, una vez que se prueba es difícil desengancharse.

Por suerte las posibilidades de que un golpe suelto salga a la primera bien son pocas. Y para jugar al golf hace falta estar federado, o sea, presentar una titulación que confirme que se conocen (y respetan) las reglas del golf. Y para obtenerla hay que pasar un examen. Pero por suerte, eso es cada vez más fácil ya que en los últimos años en España han abierto muchos campos de golf públicos donde dan cursillos a precios muy asequibles.

La prueba de que el golf poco a poco cuaja es que, hace unos días la Federación Española de Golf confirmó que se había superado la barrera de los 340.000 federados. Una cifra impensable hace apenas unos años y que confirma un crecimiento porcentual de anual de un 0.5%. Por tanto, ya nadie duda de que el golf es una de las actividades deportivas (y turísticas) que mas crece en España.

Así que ya sabes. Si eres uno de esos nuevos federados (entre los que me incluyo) y te apetece viajar y jugar en un campo sencillo y tranquilo no lo dudes. Lanzarote puede ser tu destino ideal.