```Que ver en Tallin, imprescindibles de la capital de Estonia
Estonia

Qué ver en Tallín, visitas imprescindibles en la capital de Estonia

Recorrer Tallín es como hacer un viaje a la edad Media. La capital de Estonia, el más pequeño de los países bálticos, conserva el encanto típico de la Edad Media. Al caminar por sus calles llenas de historia, de curiosidades ¡y de adoquines! se vuela, como por arte de magia, al corazón del siglo XIV.

Bienvenidos a la capital de Estonia, Tallín. Una ciudad medieval y con un encanto especial, perfecta para una escapada de fin de semana.

Basta una primera mirada para percibir la cantidad de viejas casas de los gremios de comerciantes y los almacenes que se mantienen en pie. Gran parte de ellas se ubican en la calle Pikk o calle Larga.

Su uso ha variado en los últimos años. Hoy en día las más hermosas son casi todas museos, edificios que sólo abren para eventos…   Todo está tan bien conservado que la Unesco ha declarado todo el casco histórico, (conocido como “Vanalinn) Patrimonio de la Humanidad.

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La plaza del Ayuntamiento de Tallinn

El punto de partida de todas las visitas es la plaza del Ayuntamiento, Raekoja plats, antaño lugar donde se reunían los mercaderes. Y donde aún late el corazón de Tallin.

Puede decirse que esta plaza es el punto de encuentro de visitantes y también de locales. A lo largo del día pasan por la plaza de Ayuntamiento mucha gente que se acerca no solo para disfrutar no sólo de la belleza del entorno, con el gótico edificio del Ayuntamiento como protagonista. También es un lugar donde los talineses hacen vida.

Mi consejo es que dediques un tiempo a esta plaza, te sientes a tomar algo en alguna de las terrazas y disfrutes de la animación de este rincón. Especialmente agradable en verano cuando Tallin se llena de visitantes.

La leyenda de Thomas, el arquero de Tallin

Por cierto, una curiosidad. Cuando mires alrededor de la plaza fíjate en en el personaje que corona la veleta de la gran torre del Ayuntamiento desde el siglo XVI (la actual es una réplica de la original, la cual se conserva en el interior del consistorio). Es el “Viejo Tomás.

LA LEYENDA DE THOMAS: Thomas era un experto el tiro con ballesta (la tradición decía que tenían que apuntar a un loro) el cual no pudo disfrutar de los honores de ser guerrero por pertenecer a una clase baja. Como compensación se le otorgó el título de “guardián de la ciudad”. Cuentan que era muy querido por los niños a quienes siempre repartía caramelos. Es a la vez el patrón de Tallin y ¡atentos! Lleva un lucio (pez) en sus manos.

La ciudad con más vida nocturna del Báltico

Llama la atención ver que muchos de los visitantes son cruceristas que hacen un viaje con escala por las capitales del Báltico. También hay muchos grupos de finlandeses, lituanos. Y rusos. Todos llegan a Tallín no sólo para pasar un día agradable.

Muchos llegan para disfrutar de la marcha de la ciudad. Sí. Tallinn ocupa los primeros puestos de la lista de ciudades con más animación nocturna. Haberla hayla. También hay muchos casinos, y la capital de Estonia es también reina como un paraíso para los amantes del juego. Y de la modernidad. ¿Por cierto, sabías que aquí nació el canal de comunicación Skype?

La plaza del Ayuntamiento es también un lugar de referencia a la hora de buscar dónde comer o cenar. Son múltiples los restaurantes que hay repartidos por esta zona. No te sorprendas si en algunos te reciben camareros ataviados como si fuesen una viejos mesoneros medievales. O si te sirven la cena en una estancia solo iluminada por velas y en platos de barro. Forma parte del encanto de la ciudad.

La farmacia más antigua del mundo

Otra curiosidad en la plaza del Ayuntamiento. Acércate a la farmacia que se ubica en el número 11 de la misma plaza, la cual puede presumir por ser una de las boticas más antiguas del mundo. Se conserva casi tal cual estaba cuando abrió sus puertas allá por el año 1422.

Una vez explorada la plaza toca empezar a caminar por las enrevesadas y empedradas calles de los alrededores de la Plaza Mayor. Obligado llevar calzado cómodo.

La Revolución Cantada

EL FESTIVAL DE CANTO DE TALLIN
Es un acontecimiento cultural único, un gran evento protegido por la Unesco. Una cita en la que el país entero se reúne para cantar, bailar y celebrar su independencia, la cual obtuvieron sin disparar una sola bala.
Fue la llamada Revolución Cantada de 1988.
Aquel año, los estonios aprovecharon el festival para entonar canciones típicas y reclamar, con la única ayuda de sus voces, su independencia de la antigua Unión Soviética.
Desde entonces, sus cantos son un ejemplo de revolución para todo el mundo. El festival se celebra en el llamado “estadio del canto” cada cinco años. Ese día llega gente desde todos los puntos del país ataviada con trajes tradicionales estonios.
Entre las canciones que se cantan una que destaca; el “Mu isamaa”, el siempre muy aplaudido himno de Estonia. Se presentó por primera en el Gran Festival de la Canción de Estonia en 1869 aunque no se adoptó como himno hasta el año 1920.

El callejón de Santa Catalina

Dejamos la Plaza Mayor en busca de otros rincones icónicos de Tallín y ponemos rumbo al lugar más fotografiado. El callejón de Santa Catalina, un enclave de gran belleza que se conserva cómo cuando se creó hace ¡mas de 400 años!. Actualmente además de cafés y restaurantes da cobijo a talleres de artesanos, restauradores de joyas…

Callejón de Santa Catalina en Tallinn
Callejón de Santa Catalina en Tallinn

Hay otra foto obligada es con la llamada “margarita la gorda”. Un torreón antes utilizado para la defensa de la ciudad de los ataques enemigos.

Por su ubicación geográfica a orillas del Báltico Tallinn fue siempre una ciudad muy amenazada, de ahí su monumental muralla. Fortaleza de la que aún se conservan más de ¡20 kilómetros de muro! y al menos veinte torres.

Restos de muralla en Tallín
Restos de muralla en Tallín

Por supuesto, hay que hacer una parada obligada ante la catedral ortodoxa de Alejandro Nevski, en la colina de Toopmea, donde encontramos esa huella de la dominación rusa y soviética.

Casi una excepción pues poco queda de aquellos años en los que Estonia vivió bajo la bandera primero de Rusia y luego de la URSS. Se dice también que esta iglesia es “una joya no deseada” para los estonios, quienes dudaron al decidir si derribaban o no la iglesia por su fuerte esencia rusa.

Sede de la KGB

Huellas del pasado soviético

A quienes les guste buscar esa huella soviética deben pasar por un lugar que aún impone; la vieja sede de la KGB (en el 19 de la calle Pikk). Donde todavía se aprecia que las ventanas de la parte de abajo están tapiadas con ladrillo. Se dice, era para que los viandantes no escuchasen los desgarradores gritos de los detenidos.

Otro lugar que hay que ver para entender el pasado de Tallinn es el museo de las Ocupaciones.

Celda de la prisión de Patarei
Celda de la prisión de Patarei

Visita a la cárcel de Patarei

Pero hay en Tallin un lugar que pone los pelos de punta a todo el que lo visita. Un sitio que es ejemplo de todo lo que no nos gusta contemplar, la antibelleza: la prisión de Patarei.

Patarei funcionó como prisión entre los años 1912 y 2002. Pero su momento de máxima actividad coincidió con los llamados “años del terror de Stalin“.

Fue la época de los informes, de la policía secreta, de las escuchas, del espionaje en el que todos los súbditos de la URSS debían demostrar total lealtad al partido. Las detenciones, los interrogatorios y las torturas se repetían día tras día. Y los presos encerrados em Patarei eran casi todos gentes de la calle considerados “enemigos del pueblo”.

Actualmente está abierta al público pero lo mejor es que no han tocado ni un ladrillo, ni una silla… Todo se conserva como estaba. Es un lugar sombrío, sin maquillaje. Todo está tal cual era originalmente sólo tocado por el paso del tiempo: las celdas, los pasillos, las puertas, las cocinas, las rejas de seguridad oxidadas, los pasillos largos, estrechos y oscuros…

Se ven los dibujos que los presos hicieron en las paredes de sus celdas con los colchones roidos, todas con las ventanas tapiadas para evitar que los encarcelados por políticos se tirasen al mar. Se ven los despachos, viejos documentos tirados por el suelo, utensilios médicos en un quirófano desolador, menaje en las cochambrosas cocinas… Es escalofriante.

En el exterior del edificio están aún las alambradas, las torres de vigilancia, los patios llenos de malas hierbas. Durante la visita, mientras paseaba sola por estos pasillos, mientras me adentraba en las celdas oscuras para hacer fotos, he llegado a sentir pánico. Me he visto atrapada en el escenario de una película de terror. Aviso a los corazones sensibles. Patarei no se olvida.

Felicito desde aquí a quien haya tomado la decisión de conservar esa cárcel sombría intacta y abrirla al público sin tocarla, ni embellecerla, sin rehabilitar nada. Decisión dura y polémica pues su presencia forma parte de un pasado terrible que todos quieren olvidar.

Por eso es tan importante conservarlo. Al menos para que se nos grabe con fuego en la cabeza que hay hechos que no queremos que se repitan nunca.

De compras por Tallinn

Dejamos el pasado más duro para sumergirnos en el presente consumista. Y para eso nos vamos de compras, tarea a la que podemos dedicarnos sin abandonar el casco medieval. Para acceder a la siempre concurrida y llena de tiendas calle Viru, basta con cruzar la puerta de acceso al centro atravesando dos torres altivas con sus tejados rojos.

Ha llegado el momento de ver una panorámica de Tallin o varias pues la oferta de miradores es amplia. El más visitado y desde donde se contemplan las vistas más típicas, las que ilustran los reportajes sobre Tallinn es el mirador de Piiskopi. Otro punto de visita imprescindible. Y excelente punto para despedirse con una mirada inolvidable de la bella capital de Estonia.

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– Un libro: “El loco del zar” de Jaan Kroos., novelista que destacó por sus relatos analíticos de la época soviética. Narra la historia de un varón del siglo XIX que se enamora de una campesina y que acaba en prisión.

– Un plato: El plato más típico de Tallinn es la carne con patatas, receta que debe mucho a la tradición agrícola según la cual sólo consumía carne los días festivos. Como dulce, apuntar los caramelos de chocololate kalev, los cuales encontrarás en casi todos los supermercados.

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