Viaje en coche por el salvaje Delta del Ebro

Tras un largo viaje por la geografía española el río Ebro llega a su desembocadura, en la costa de Tarragona totalmente relajado. Y expande sus aguas tranquilas formado un gran humedal protegido como parque natural donde la arena y los arrozales sirven de refugio a más de 300 especies de aves. ¿Me acompañas a recorrer este tesoro de la naturaleza?

El coche es el mejor medio de transporte para moverse por el Delta del Ebro

El río Ebro tras atravesar tierras burgalesa, riojanas, navarras y aragonesas llega a morir a las Terres de l’Ebre (Tarragona), donde vierte sus aguas al Mediterráneo. Y dónde se forma un delta en el que la arena y las aguas bailan al son de vientos caprichosos formando dunas, playas, marimas, islas…  

Las Terres de l’Ebre, abarcan las cuatro comarcas más meridionales del sur de Cataluña. Éste territorio reconocido por la UNESCO como Reserva de la Biosfera desde 2013 alberga un extraordinario patrimonio natural, siendo el Delta del Ebro su joya más preciada, sólo el Coto de Doñana (Huelva) compite en belleza y riqueza con éste.

DESTINO SEGURO DESDE EL PUNTO DE VISTA SANITARIO
El Delta del Ebro es naturaleza en estado puro y soledad, dos bienes muy preciados en estos momentos con el Covid-19 presente en nuestras vidas. Las empresas turísticas locales, conscientes de la situación se han puesto las pilas adaptándose a los protocolos de seguridad e higiene marcados por las autoridades competentes con el fin de proteger a los visitantes y trabajadores. Y facilitar a la mejor experiencia turística posible en tan maravilloso entorno.

Un triángulo entre Sant Carles y L’Ampolla

Hay muchas formas de visitar el Delta. Y aviso. Conocerlo en profundidad lleva su tiempo pues cabe destacar que es muy grande, una especie de triángulo, una punta de flecha con más de 300 kilómetros cuadrados de extensión, con Sant Carles de la Ràpita en uno de los extremos y L’Ampolla en el otro.

A su vez cabe destacar que está dividido en dos mitades por el mismo río Ebro que lo atraviesa. Hay dos puentes para cruzar. Uno a la altura de Amposta y otro, el de Lo Passador que une Deltebre con Sant Jaume d’Enveja.

Una vez ubicados toca empezar a disfrutar de toda la riqueza y diversidad que este paraje ofrece. Ya en la primera mirada a uno le queda claro porque este rincón está catalogado como el entorno natural más importante de Cataluña y presume por ser uno de los humedales más bellos del Mediterráneo.

De Sant Carles de la Rápita parten barcos que recorren elDelta

Sant Carles de la Ràpita, la puerta del Delta

El mejor punto de partida para esta ruta es Sant Carles de la Ràpita, la puerta de entrada al Delta por la zona sur, donde recomiendo aprovechar dar un paseo en alguno de los barcos por la majestuosa bahía de los Alfacs, uno de los puertos naturales más grandes de Europa.

Vista de las salinas de la Trinitat

La ruta desde La Ràpita es, más o menos siempre la misma. Navegan los barcos turísticos paralelos a las  largas hileras de viveros, o bateas en donde se cultiva el mejillón y la ostra rizada.

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Llegan hasta las salinas de la Trinitat, situadas justo en frente, en la llamada punta de la Banya, donde se ve aún el viejo embarcadero, hoy ya en desuso, por donde antaño descargaban la sal. Son las únicas activas de todas la que existían en el Delta y aún producen aproximadamente 50.000 toneladas de sal.

 

Arrozales y pistas de arena

Nos ponemos al volante. A nuestro alrededor salen al paso colosales plantaciones de arroz, playas desiertas y salvajes, dunas, salinas… La carretera es llana y ante los ojos siempre esos eternos, horizontes inmensos… Y los colores. Sinfonía de verdes,  marrones, amarillos que combinan con el azul del mar y del siempre presente río Ebro.

No te soprendas si de repente ves algo «raro». Si, cuentan los lugareños que aveces se ven espejismos. Parece que tienes ante ti el mar pero cuando intentas alcanzarlo nunca lo consigues.

El río Ebro parte el Delta en dos mitades.

Hay momentos en los que el asfalto se transforma en caminos de tierra flanqueados por huertas familiares adornadas por una flora autóctona. También encontrarás pistas de arena. Pero la tranquilidad es siempre compañera.

De vez en cuando es obligado hacer una parada. Bien para sacar una foto ante una composición que nos conquista y que seguramente cambiará en unas semanas. Y es que aquí ese principio filosófico que dice que “todo cambia y nada permanece” se hace más cierto que nunca.

Los colores del Delta del Ebro son también camnbiantes

Más de 300 especies de aves

No sólo la simple contemplación del paisaje nos invita a detenernos de vez en cuando. También las aves y animales que surgen al paso despiertan llaman la atención del viajero.

La que más nos conquistan son los flamencos, con sus cuellos estirados como chicle, sus patas largas como juncos y sus curiosos picos curvos . Siempre están aquí. Aunque la población fluctúa a lo largo del año, se calcula que a finales de verano pueden llegar a concentrarse en la laguna de la Encanyissada hasta 3.000 ejemplares.

También puedes ver concentraciones de flamencos en el canal Vell, al otro lado del delta. Una laguna que te encontrarás de camino hacia la punta del Fangar. Aprovecha para parar en la playa de la Marquesa y si puedes camina hacia el faro, desde donde verás ya la silueta de las casas blancas de L’Ampolla.

Nos cruzamos las miradas. Parece que ellos nos observan también con curiosidad desde su rincón. Es una sensación que se repite durante todo el viaje. Aparentemente no hay nadie, pero te sientes siempre observado. Y así es.

La sensación se repite mientras circulas por estos  plácidos paisajes. Parece que nada ocurre, que nada se mueve pero no. Hay ocultos cientos, miles de seres vivos de distintas especies que te observan continuamente.

Sirva como dato que de las aproximadamente 600 especies de aves existentes en Europa unas 325 se dan cita todos los años en el Delta del Ebro. Te sientes sólo pero en realidad estás siempre muy acompañado. Un consejo. Guarda los prismáticos en la maleta para disfrutar contemplación de los pájaros.

Mirador Zigurat, para observar aves

Kite surf en el Delta del Ebro

Los amantes del turismo activo también tienen aquí su pequeño paraíso. Hay muchas rutas para senderismo, sendas bicicletas… Y si te gusta el kitesurf, en esta tierra ventosa vivirás grandes momentos. No lo dudes y pon rumbo a la barra del itsmo del Trabucador.

Kitesurfistas en el Delta del Ebro

El arroz, el cultivo del Delta

Es muy probable que la contemplación de los arrozales y el aire puro te despierte el apetito. Y como no, el plato estrella del Delta del Ebro es el arroz.

Fue también su forma de subsistencia muchos años. Este es su ciclo. En abril los campos se inundan con agua dulce, en junio la planta del arroz verdea, en agosto adquiere un tono dorado y en septiembre se cosecha.

Estampa de arrozales en el delta.

A la hora de comer lo mejor es dirigirse a Poblenou. Fueron los lugareños quienes nos recomendaron ir a este pueblo a comer arroz.

Se creo el Poblenou en los años 60 para dar alojamiento a los trabajadores del Delta. Hoy en día acoge varios restaurantes donde comer sabrosos arroces como el seixat, aquel que comían los pescadores en alta mar y que se preparaba con los pescados que sabían que no iban a vender en la lonjas.

No dejes de probar también los pescados y las llamadas “ortigas de mar”, las cuales abundan en toda la costa catalana pero es en el Delta donde más las aprecian. Parecen algas pero en realidad lo que tienes en el plato es una anémona que se consume como si fuese una pieza de marisco.

Poblenou es también buen lugar donde alojarse y donde encontrarás buena oferta hotelera. Despertarse con vistas a los humedales del delta es una experiencia muy recomedable.

En Poblenou hay hoteles preparados para disfrutar de lo mejor del Delta del Ebro

Para bajar la comida, nada mejor que tumbarse al sol en una playa salvaje. Por ejemplo la de Migjorn en Sant Jaume d’Enveja, por citar alguna. O la de la Marquesa antes mencionada

En el delta hay playas salvajes maravillosas como la de Migjorn en Sant Jaume d’Enveja.

Con este paisaje casi desértico cierro este viaje por el Parque Natural del Delta del Ebro, un rincón donde disfrutar de la paz y de la naturaleza, bienes cada vez más apreciados por los visitantes.

¿Algún otro rincón que recomendar? ¿Nos cuentas tu experiencia recorriendo el Delta del Ebro? No olvides que tus vivencias pueden ser de gran utilidad para otros viajeros.

3 comentarios sobre “Viaje en coche por el salvaje Delta del Ebro”

  1. S’està treballant molt per tornar a recuperar tot el que el «Glòria» va destruir, hi han alguns indrets, com part de la barra del Trabucador, que encara hi estan treballant, però actualment hi han mil i un racons per gaudir del Delta. Caminar entre els arrosals, les platges, la ruta GR-92 entre l’Ampolla i l’Ametlla. …. No deixeu de fer-ho, naturalesa pura.

  2. El Delta del Ebro es un lugar ideal para desconectar del mundo y disfrutar de la tranquilidad, de la naturaleza y de la gastronomía. Bueno, de todo. Sólo quería hacerte un apunte, y es que por desgracia el delta del Ebro ya no crece día a día sino que más bien retrocede por la falta de sedimentos que quedan retenidos en los diferentes embalses del río. Además el paso del temporal Gloria este pasado invierno causó estragos, como la desaparición de la Barra del Trabucador, que conecta el delta con la salinas de la Punta de la Banya. Creo que ahora la están reconstruyendo, pero no sé si es transitable. Es una pena porque las playas del Trabucador al atardecer son una maravilla.

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